Miguel de Unamuno, la Ciencia y el Cientificismo
MIGUEL DE UNAMUNO ABORDÓ EL TEMA DEL CIENTIFICISMO, LA TENDENCIA A DAR UN VALOR EXCESIVO A LOS CONOCIMIENTOS CIENTÍFICOS (Foto CMU)
Con motivo de la Exposición ‘Que invente ellos. Unamuno y la Ciencia’ de la Universidad de Salamanca, rescatamos aquí la obra Escritos sobre la Ciencia y el Cientificismo, de Miguel de Unamuno, recogiendo algunos de los textos seleccionados por Alicia Villar Ezcurra, catedrática de Filosofía en la Universidad Pontificia Comillas. Ya en 2011 publicó el escrito inédito de Unamuno, titulado Mi Confesión, edición que fue ampliada con nuevas notas inéditas en el año 2015.
Añade dos nuevos escritos inéditos localizados en la Casa Museo Unamuno en Salamanca, resultado de la investigación sobre el tema religión-ciencia en este autor. Incluye el Discurso de Unamuno sobre Darwin (22 de febrero de 1909), pronunciado en la Universidad de Valencia con motivo del homenaje al científico en el centenario de su nacimiento, y en el que destacó el influjo innegable de su teoría, así como dos textos breves, Ciencia y Literatura y La Vida y la Ciencia, que no habían sido publicados en sus Obras Completas, cuyos manuscritos originales se conservan en dicha Casa Museo.
1.- CIENCIA Y UNIVERSIDAD
De la enseñanza Superior en España, 1899
“Fe, verdadera fe en la ciencia, conciencia clara del poder de ésta, lo cual equivale a conciencia de sus límites, apenas la he encontrado más que en esos a quienes se moteja de escépticos, en los que aman más el ejercicio de la caza que el engullirse la pieza cazada”.
“…cuando uno de los llamados especialistas hace de veras progresar la ciencia, es por ser un enciclopedista de lo especial, un filósofo que ve el universo todo en una gota de agua”.
Algo sobre autonomía universitaria, 1919
“La alta cultura, la filosofía, la ciencia pura, las especulaciones desinteresadas, todo lo supremo intelectual, es flor de estufa en casi todas las sociedades, y más aún en la nuestra; es hija del espíritu y perecería si quedase sin el concurso de las demandas públicas”.
“¡Hacer ciencia! En nuestros países la gente no busca sino ciencia ya hecha y aplicable. Y si el Estado no acudiera a sostener a los puros científicos, a los que hacen ciencia sin preocuparse de su aplicación, o tendrían que dedicarse a ello los ricos -fue el caso de Darwin- o no habría quien lo hiciese, y esto es lo seguro”.
“Y siempre resultará que la ciencia pura, el saber desinteresado, la investigación que no se propone más que ensanchar nuestro conocimiento del universo y de la vida, todo esto necesita la protección del Estado”.
2.- SOBRE LA DISTINCIÓN DE LA CIENCIA Y LA SABIDURÍA
El Pórtico del templo, diálogo divagatorio entre Román y Sabino, dos amigos, 1906
“Román. – Inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovechamos de sus invenciones. Pues confío y espero en que estarás convencido, como yo lo estoy, de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como donde allí se inventó…
Sabino. – Es que, además, la ciencia no sólo tiene un valor práctico o de aplicación a la vida mediante la industria, sino que lo tiene también ideal y puro”.
“Román. -Sí, es zaguán para la sabiduría, ya que por ella nos hacemos un concepto del Universo y de nuestro lugar y valor en él. La ciencia es el pórtico de la filosofía. ¿No es eso?
Sabino. – Sin duda alguna.
Román. – ¿Y si el templo de la sabiduría tuviese, mi buen Sabino, alguna puerta trasera disimulada en el espesor de sus muros, ¿por dónde se pueda entrar sin necesitar de zaguán ni porche alguno?”.
“Román. -… Todas las grandes obras de sabiduría han sido hijas de amor verdadero, es decir, doloroso. Cuando en una obra de ciencia encuentres sabiduría, no te quepa duda alguna de que la dictó una pasión, una pasión dolorosa y mucho más honda y entrañable que esa miserable curiosidad de averiguar el cómo de las cosas”.
El secreto de la vida, 1906
“…Un libro de ciencia puede aportar mucho caudal nuevo a ella y ser, sin embargo, perfectamente impersonal. Pero hay otras obras también de exposición científica, y no más que de exposición científica, en las que, aparte de la novedad y verdad de los principios en ellas revelados, hay en su trama, en su tono, en el espíritu oculto que las anima, un quid mirificum, un algo misterioso que las hace duraderas y fuente de enseñanzas hasta cuando los principios en ellas expuestos son del común dominio o han sido acaso rectificados, o rechazados tal vez. Y estas obras de ciencia inmortales, inmortales porque su vida no depende de la vida de la ciencia a que sirvieron, son obras que proceden de secreto de vida, tienen su raíz en algún misterio de tribulación”.
Cientificismo, 1907
“Parodiando una frase célebre, puede decirse que poca ciencia lleva al cientificismo y mucha nos aparta de él. La semiciencia, que no es sino una semiignorancia, es la que ha producido el cientificismo. Los cientificistas -no hay que confundirlos con los científicos, repito una vez más- apenas sospechan el mar desconocido que se extiende por todas partes en torno al islote de la ciencia, ni sospecha que a medida que ascendemos por la montaña que corona al islote, ese mar crece y se ensancha a nuestros ojos, que por cada problema resuelto surgen veinte problemas por resolver…”.
3.- SOBRE LAS DIFICULTADES QUE SUFREN LOS INVESTIGADORES
“Así toda investigación original y propia en estos medios es, a mi juicio, entonces, una forma de heroísmo. Creo que el que llega a producir aquí, en cualquier orden de actividad original, algo simplemente mediano, vale más intelectualmente y muchísimo más moralmente, desde el punto de vista de la voluntad, sobre todo, que un notable productor europeo. Esto mismo lo hemos dicho aquí aplicándolo concretamente a Ramón y Cajal. La labor de este eminente histólogo, aquí en España, supone un heroísmo y una fuerza de voluntad muchos mayores que la de cualquier otro eminente investigador alemán, francés, inglés o italiano. Y lo mismo digo de la obra de Menéndez Pelayo, de un Menéndez Pidal, de un Salillas, de otros”.
4.- UN MUNDO HABITADO Y GOBERNADO POR MÁQUINAS
Mecanópolis, 1913
“No pude ya resistir esto de verme compadecido por aquellos misteriosos seres invisibles, ángeles o demonios -que es lo mismo-, que yo creía habitaban Mecanópolis. Pero de pronto me asaltó una idea terrible, y era la de que las máquinas aquellas tuviesen su alma, un alma mecánica, y que eran las máquinas mismas las que me compadecían. Esta idea me hizo temblar. Creí encontrarme ante la raza que ha de dominar la Tierra deshumanizada.
Salí como loco y fui a echarme delante del primer tranvía eléctrico que pasó. Cuando desperté del golpe me encontraba de nuevo en el oasis de donde partí. Eché a andar, llegué a la tienda de unos beduinos, y al encontrarme con uno de ellos, le abracé llorando. ¡Y qué bien nos entendimos aun sin entendernos! Me dieron de comer, me agasajaron, y a la noche salí con ellos, y tendidos en el suelo, mirando al cielo estrellado, oramos juntos. No había máquina alguna en derredor nuestro”.
5.- INÉDITOS
Ciencia y Literatura
“Ir a la rebusca de un hecho nuevo, de un pobrecito hecho, de un hechillo pequeñín y humilde, es doblar la cerviz a la gran maestra: la Verdad. La ciencia suele ser la más abonada escuela de humildad, de sencillez, de desprendimiento; la investigación científica es el más provechoso ejercicio espiritual, la ascesis que más purifica al espíritu”.
“No como yo quiero, Realidad, si no como tú quieres”.
La vida y la ciencia
“La pasión sí, la pasión es uno de los más poderosos factores de progreso. Y entre las pasiones se cuenta la pasión por conocer, el impulso pasional que nos lleva a echar mano a los frutos del árbol de la ciencia.
¿Es que no existe acaso, aunque por desgracia sea muy rara, la pasión científica? ¿No es ella, o más bien la pasión filosófica la que anima los excelsos diálogos de Platón, aquellos pequeños dramas en que la razón, el logos, personificado a cada paso, es el protagonista? Sin alguna pasión, difícil es que la ciencia ilumine; toda luz supone algún fuego, por pequeño que sea”.


