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Azorín en Salamanca: Pedro Dorado Montero y Miguel de Unamuno

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Azorín en Salamanca: Pedro Dorado Montero y Miguel de Unamuno

 

 

AZORIN VISITA A PEDRO DORADO MONTERO  Y A MIGUEL DE  UNAMUNO EN SALAMANCA. DESCRIBE SU PASO POR LA CIUDAD CHARRA

 

 

1.- Azorín y el profesor Dorado Montero

2.- Azorín, teórico del anarquismo

3.- Estancia de Azorín en Salamanca

4.- Charivari

5.- Azorín con Miguel de Unamuno

6.- El ideario de Azorín

 

 

1.- AZORÍN Y EL PROFESOR DORADO MONTERO

En 1897, cuando Azorín era un anarquista literario radical, visita a dos catedráticos de la Universidad de Salamanca, Pedro Dorado, de Derecho Penal, y Miguel de Unamuno, de Lengua Griega, y toma unas notas de su charla con ellos. El primero también era de ideas anarquistas y el segundo condescendía con el socialismo. A ambos los conocía del año anterior, cuando pasó algún tiempo en Salamanca matriculado en la Universidad. Más que de entrevistas, se trataba de describirlos con su peculiar estilo literario.

De Pedro Dorado se refiere en el artículo que apareció en el diario El Adelanto el 10 de febrero de 1897: “Me dijeron que vivía en las afueras de San Pablo, y allá me fui. Y llamé en una casita nueva, aislada, limpia, riente, de un solo piso. Me abrieron y pasé al despacho, una pieza pequeña de paredes cubiertas de estantes repletos de libros españoles, alemanes, italianos… libros por todas partes, en las sillas, en el suelo, en la mesa donde un señor escribía.

Era un hombre de continente modesto, vestido con sencillez, con excesiva sencillez. Traje muy usado, cada pieza de un paño distinto, y camisa de dormir, muy limpia, pero no nueva. Tendría unos cuarenta años, y su cara pálida, sin afeitar de una semana, con bigote caído, revelaba el trabajo enérgico de todos los días, el sufrimiento de los desórdenes nerviosos propios de los obreros cerebrales. Sus ojos eran pensadores, elocuentes, con relampagueos de fiereza, de independencia, con cambiantes de dulzura, de benévola tolerancia…

Y como un héroe, esforzadamente escribía aquel hombre inclinado sobre el bufete, sobre aquel despacho reducido como celda de un fraile, y con esas celdas sin adorno ninguno, sin un lienzo, ¿dónde ponerlo?, sin un bibelot, sin otras cosas que modestos estantes llenos de volúmenes, de revistas, de papeles. Levantó la cabeza de las cuartillas. ¿Don Pedro Dorado?…

La característica de Dorado es la lógica, la lógica formidable que deja mudo a sus adversarios. Sus Problemas de Derecho Penal escandalizaron a un magistrado amigo mío. ‘Pero no sé qué contestar, decía. No puedo contestar’. Por esto, porque va adonde le llevan las deducciones, y por su independencia, es difícil. Ni hace falta clasificar a Dorado. Como criminalista no pertenece a esta o la otra escuela: es un revolucionario y nada más. Acaso, a pesar de todo, hay que censurar en el ilustre profesor cierto prejuicio correccionalista. Es verdad. Pero, creo que acabará por abandonar éste, como antes abandonó otros y por ver que tan absurda es la doctrina correccional como la clásica”.

 

2.- AZORÍN, TEÓRICO DEL ANARQUISMO

Desde muy joven, el alicantino José Martínez Ruiz, que siempre utilizó el pseudónimo de “Azorín”, se sintió atraído por las teorías anarquistas. Especialmente, se interesaba por la obra del sociólogo francés Augustin Hamon, con quien mantenía correspondencia. En 1895 tradujo varios ensayos suyos y trató de publicarlos sin conseguirlo. El 1 de noviembre escribe al profesor Dorado: “He traducido la obra de Hamon. El señor Ricardo España me pidió el manuscrito, pero leyó la obra y después se arrepintió. Creo que editor y traductor hubiéramos parado en alguna prisión militar. Sin embargo, no desisto en publicar el libro, aunque sea en la América española”.

Para Azorín, Dorado era el único que le apoyaba, su confidente, su amigo, compartían ideas. Le había conocido a través del catedrático Eduardo Soler y Pérez, de la Universidad de Valencia. Soler fue expedientado por no adaptarse a las instrucciones oficiales sobre la docencia. Formó parte de la primera promoción de profesores expulsados por las Universidades que integraron la Institución Libre de Enseñanza de Francisco Giner de los Ríos.

Le envía su libro Anarquistas Literarios (Notas sobre la Literatura Española) y le dice que ha enviado varios artículos a Le Magazine International, revista que el anarcosindicalista Anselmo Lorenzo editaba en Barcelona hasta que fue cerrada por la policía. En todos sus escritos Azorín se mostraba muy crítico con la sociedad y sus dirigentes, siguiendo el ideario de Lorenzo: La política es una escuela de criminales, la prensa y el libro son perseguidos en nombre de la moral pública, mientras la prostitución es reglamentada y el juego de azar se eleva a la categoría de ingresos para Hacienda, las cárceles son caserones insalubres… Y defiende la importancia del oficio periodístico en el mundo: “nada indica mejor el estado de un país que la prensa”.

 

3.- ESTANCIA DE AZORÍN EN SALAMANCA

El 4 de octubre de 1896, Azorín escribe al profesor Dorado para decirle que desea trasladar su expediente académico de Valencia a Salamanca. Una vez en la capital charra, su padre, que era un abogado conservador que llegó a ser alcalde, le comunicó que había leído sus artículos y que los consideraba muy violentos. En consecuencia, dejaba de enviarle dinero. Pero los efectos en Azorín fueron contrarios a lo esperado, eso le hizo publicar más artículos para hacer frente a sus gastos.

En 1896, surge una repentina enfermedad de su padre y tiene que pedir dinero a Dorado para poder ir a Monóvar. A los pocos días escribe a Dorado y le dice que todo ha sido una estratagema de su padre para que volviera a casa. Recuerda al profesor que está esperando su prólogo para la obra Las Prisiones, que tiene en proyecto. Y nuevamente le pide ayuda para conseguir que el expediente académico sea pasado de Salamanca a Madrid, porque en la capital empezaría a trabajar en la redacción de El País.

Desde la capital sigue recordando a “su maestro” y presta atención al acontecer de Salamanca. En febrero de 1897 se hace eco de las disputas entre el Obispo, Padre Cámara, y Dorado Montero. Escribe en El Adelanto: “Ayer a la salida de una de las clases de la Facultad de Derecho, un alumno leyó a sus condiscípulos un documento en el que el Obispo de esta diócesis recomienda a los alumnos del sabio catedrático de Derecho Penal Sr. Dorado Montero que no asistan a la clase de éste, por conceptuar perniciosas y contrarias a la fe las doctrinas que explica en ellas. Hemos oído decir que el padre Cámara ha salido para Madrid, que su viaje tiene por objeto conferenciar con el ministro de Fomento sobre el particular, no faltando quien espere que de la conferencia resulte algo desagradable para el señor Dorado Montero. Infundada nos parece esta esperanza, pues el ministro no desconoce que la libertad de cátedra está garantizada por las leyes vigentes”.

El corresponsal de El Motín de Salamanca arremete contra Azorín diciéndole que confunde la realidad con la ficción y que desconoce los hechos en que se ha visto envuelto su amigo Dorado, porque sólo estuvo en Salamanca mes y medio y lo desconoce. A lo que le contesta: “Yo no he defendido al rector de esa Universidad, D. Fulano Mamés. Yo no tengo interés en que sea una persona digna hasta el punto de oponerse a que el Sr. Cámara, muy obispo de ustedes, se meta en lo que no le importa. Y lo que no le importa es lo que D. Pedro Dorado, un hombre que vale como cien obispos, explica o no explica en su cátedra de Derecho Penal. Salamanca no es Londres, y a mí me sobró tiempo para ponerme al corriente de las cosas de ustedes”.

 

4.- CHARIVARI

Charivari es una palabra francesa que significa guirigay y el nombre que Azorín dio a su primer periódico. Desde sus páginas los elogios al profesor Dorado fueron continuas: “No es un metafísico nebuloso; es un escritor de estilo vigoroso y limpio. De pensar sin nieblas. Sabe dónde va y no siente desfallecimiento ni temores en su obra. Su lema es ¡Sempre Avanti!”. Y le pide colaboraciones tanto para su periódico como para los de otros.

El 29 de diciembre de 1897 le escribe anunciándole que el escritor Luis Bonafoux se había trasladado a París para actuar como corresponsal de varios diarios de Madrid. Y, una vez en la capital francesa. dirigía La Campaña: “Y yo que soy representante en España de dicho periódico, agradecería que usted lo honrara con unas cuartillas. Hay absoluta libertad para escribir, será completamente independiente. Colaboran Benavente, Nakens, Unamuno, Gómez Carrillo, Zamacois… “.

En 1905, Pedro Dorado escribe la obra Nuevos Derroteros Penales, y Azorín le elogia considerándole el mejor discípulo de Montesquieu en España. Sus alabanzas a los escritos del maestro se prodigaron en todos los medios en los que participó: ABC, Blanco y Negro… Con el paso de los años, Azorín olvidó el anarquismo y se fue haciendo conservador. Esa fue la tónica de varios escritores de la Generación del 98, como su amigo Pío Baroja.

 

5.- AZORÍN CON MIGUEL DE UNAMUNO

Azorín también se relacionó con Miguel de Unamuno en el escaso tiempo que pasó por la Universidad de Salamanca, aunque dice que ya le había conocido en el año anterior: “De Unamuno tuve dos cartas antes de venir yo a Madrid, que fue en 1895. Después hemos seguido carteándonos. Guardo muchas cartas del maestro. Las cartas de Unamuno son muy extensas”. No hay que olvidar que Unamuno ya colabora en la prensa desde el año 1895, en el semanario socialista La Lucha de Clases de Bilbao, y en el también semanario Tiempos Nuevos de Madrid desde 1905, de ideología anarquista. Eran artículos de carater antimonárquico y antimilitarista en los que solía firmar con diversos pseudónimos.

En Charivari, Azorín escribe el artículo En casa de Unamuno, que es el resultado de la entrevista que le hace en su domicilio salmantino, de la que guardará un grato recuerdo, que apareció publicado el 26 de febrero de 1898 en la revista La Campaña.

La postura que Azorín adopta sobre Unamuno es de gran respeto y, algunas veces, de crítica, no sólo en esos primeros años sino, sobre todo, desde que fue cronista de las Cortes. Así le describía: “Su cara era la de una lechuza, o mejor, de un búho. Unamuno veía en las tinieblas. Podría decirse que era el hombre de las objeciones. Con una voz aguda iba desentrañando todos los misterios, búho en la noche, y viendo lo que hay detrás de las cosas”.

En sus memorias recordaba: “En una de sus cartas, fechada en Salamanca el 17 de noviembre de 1906, con el membrete de Rector de aquella Universidad, el firmante se expresaba con una acritud virulenta al hablar de ciertas personalidades literarias y científicas”. Y añadía: “Reserve esta carta, amigo Azorín, y no porque no tenga fe en mis convicciones y en mis repulsiones, sino porque aún no es hora y déjeme desahogarme”.

Respecto de su percepción personal aseveraba: “Miguel de Unamuno me es simpático. Entre él y yo encuentro semejanzas de vida. Él, frío, retraído, alejado del trato social en su retiro de Salamanca, leyendo montañas de papel, escribiendo a máquina como yo”. Sin que faltara alguna objeción: “Pero hay en Unamuno cosas que no me gustan; no me gusta su nebulosidad, su incerteza de ideal filosófico, su vaguedad de pensamiento… Para ser socialista, como él pretende serlo, no socialista revolucionario, que no llega a tanto a pesar de su colaboración en Ciencia Social, para ser socialista hay que mirar más alto y ver más en concreto, tener más fe, tener más tesón del que uno tiene”.

En el artículo Crónica, aparecido en el diario El País el 16 de enero de 1987, las reprobaciones son más directas: “Es un espíritu paradójico, inquieto, atormentado por la soledad de su retiro a las afueras de Salamanca, caótico, por la multitud de lecturas antitéticas y en lenguas diversas; hosco, agresivo a veces, por el apartamiento de la vida social y por la visión de una sociedad en que las nulidades son exaltadas y los hombres de talento humillados. Paz en la Guerra es un libro desordenado, con cuadros insignificantes, con diálogos enojosos y triviales. Como la mayoría de los libros subjetivos, y en éste hay muchas páginas líricas, tiene el defecto de ser incomprensible, de no producir la emoción que el autor esperaba”.

 

6.- EL IDEARIO DE AZORÍN

Azorín consideraba que el capitalismo era una injusticia y que el futuro estaba en manos del proletariado, de ellos, de él como anarquista y de Unamuno, a quien tenía por socialista. Por eso, el escritor alicantino también expone a Unamuno su ideario anarquista. Lo hace en la revista La Campaña de París el 5 de enero de 1898 con un artículo titulado El Cristo Nuevo. Para Miguel de Unamuno, en el que ponía en boca de Jesucristo las siguientes palabras: “Cristo descendió de su Cruz y dijo a los creyentes que oraban de rodillas ante él: Hijos míos, sois unos imbéciles. Hace veintiún siglos que predije la paz, y la paz no se ha hecho. Predije el amor, y continúa la guerra entre vosotros; abominé de los bienes terrenos, y os afanáis en amontonar riquezas. Dije que todos sois hermanos y os tratáis como enemigos. Hay entre vosotros tiranos y hay gentes que se dejan esclavizar. Los primeros son malvados; los segundos, idiotas. Sin la pasividad de éstos no existirían aquellos. Grande es la crueldad de unos, mayor es la resignación de los otros. ¿Por qué sufrir en silencio cuando se tiene la fuerza del número y del derecho? No fue ese el espíritu de mis predicaciones. Vosotros, los republicanos de la religión, las habéis falseado. Yo vi el origen del mal en la autoridad y en su órgano el Estado, y por eso me persiguieron. Desconocí el poder de los Césares como atentatorio de la libertad humana, y por eso perecí en la cruz…”. (También publicado en su versión extensa en La Voz del Pueblo en 1910 con el título El Cristo Anarquista).

¿Realmente Azorín era anarquista? Para Cansinos Assens, tanto Azorín como Pío Baroja eran anarquistas de tertulia, sin pertenecer a ninguna corriente establecida. Los escritores jóvenes eran rebeldes por su cuenta, aisladamente, con miras a cotizarse bien en su día, por eso, habían adoptado el cómodo rótulo de anarquista. Azorín tenía muy claro el motivo de su decisión de ser “crítico”: ocupar el lugar de Clarín. A Valle-Inclán le hacían concluir que parecían anarquistas de pega.

Muchos escritores de esta generación llevaron la teoría de la evolución de las especies a la literatura. Un caso paradigmático fue el de Julio Camba, anarquista de primera hora, que pasó de las celdas de la Cárcel Modelo de Madrid por delitos de imprenta cometidos en su semanario El Rebelde, a establecerse en el Hotel Palace lujosamente durante trece años por los beneficios de imprenta.

(Foto. Casa de Pedro Dorado Montero. Salamanca)

 

 

 

José Martínez Ruiz, Azorín

 

Pedro Dorado Montero

 

Miguel de Unamun0

 

 

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