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Miguel de Unamuno, presidente del Ateneo de Madrid

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Miguel de Unamuno, presidente del Ateneo de Madrid

 

 

MIGUEL DE UNAMUNO FUE NOMBRADO PRESIDENTE DEL ATENEO DE MADRID EN 1933. ERAN TIEMPOS DE RADICALIZACION DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA

 

 

1.- Miguel de Unamuno en el Ateneo de Madrid

2.- La labor de Unamuno en la ‘Docta Casa’

3.- El regreso de Miguel de Unamuno a Salamanca

4.- La animadversión que Unamuno sentía contra Manuel Azaña

 

 

1.- MIGUEL DE UNAMUNO EN EL ATENEO DE MADRID

El mandato de Valle-Inclán como presidente del Ateneo de Madrid fue corto. A los seis meses renunció alegando motivos de enfermedad y fue sustituido por Augusto Barcia, uno de los máximos mandatarios de la masonería y partidario de Manuel Azaña, también masón. Barcia era una persona de gran prestigio. Sin embargo, a los cinco meses tuvo que dimitir porque uno de sus hombres de confianza en el Ateneo incurrió en un delito de malversación de fondos, causando un gran escándalo.

Mientras tanto, Unamuno andaba enredado en la Real Academia de la Lengua. El académico Manuel de Sandoval, miembro de número con la letra “T”, acababa de fallecer y Unamuno es propuesto para sustituirle, lo que hizo el 15 de diciembre de 1932. Fue nombrado, a pesar de que se exigía a los candidatos que tuvieran vecindad en Madrid y Unamuno no la tenía. Era otro caso más de contradicciones del Rector, pues mientras que él mismo solicitó la vacante, no llegó a ocupar el sillón académico, ni pronunció el preceptivo discurso de entrada. De hecho, nunca concurrió a las deliberaciones académicas.

Al año siguiente, se produjo en el Ateneo una dura pugna por la presidencia entre dos sectores, los conservadores, que incluía a antiguos monárquicos, y los republicanos de Manuel Azaña. Al enconarse el enfrentamiento, las dos partes decidieron proponer a Unamuno, no porque se mantuviera equidistante de ambas, sino al contrario, porque pugnaba contra las dos por igual. Simplemente tenía a su favor que durante la Dictadura de Primo de Rivera se mostró partidario de la República y, cuando ésta llegó, se posicionó en contra de Azaña, presidente del Consejo de ministros.

 

2.- LA LABOR DE UNAMUNO EN LA ‘DOCTA CASA’

La labor cultural de Unamuno en el Ateneo fue muy intensa, pues participaba en todas las secciones. Lo que más le preocupaba en ese momento era el avance del fascismo en Europa y procuró llevar al Ateneo a diferentes periodistas para que informaran de lo que estaba ocurriendo en Italia y Alemania. También invitó a pronunciar conferencias a políticos laboristas ingleses, como Dudley Aman, Lord Marley, Ellen Wilkinson y al escritor francés Henri Barbusse, que relató lo que sucedía en Alemania.

Ricardo Baroja, hermano de Pío, solía llevar a su sobrino Julio Caro Baroja al Ateneo. Éste describió la actividad y la figura del Rector en la Docta Casa: “Llegaba Unamuno al Ateneo relativamente pronto y se sentaba en medio de un grupo pequeño de asiduos. Venía con sus últimos pensamientos, sus últimas frases acuñadas en Salamanca y tenía ganas de darles curso. Tanto le preocupaban sus dudas, sus disquisiciones verbales que, en la tertulia, a medida que iban llegando nuevas personas, él repetía y repetía la paradoja, el retruécano, el pensamiento, en fin, dándole algún giro más. Era cuando yo le traté un hombre de menos de setenta años, pero me parecía viejo a pesar de su buena planta. Tenía la barba y el pelo blancos en absoluto, el color encendido, y a veces ‘se le subía el pavo´, como vulgarmente se dice. Cuando se encolerizaba o acaloraba sacaba una voz aguda, atenorada. Todo en él hacía pensar en un predicador y en un hombre público”.

A finales de 1933, el presidente de la nación, Niceto Alcalá Zamora, disuelve las Cortes y convoca elecciones generales, resultando ganador el conservador salmantino José María Gil Robles, que cede la jefatura del gobierno al radical Alejandro Lerroux para gobernar en coalición. Hasta entonces, la República se había caracterizado por ser izquierdista, y el Ateneo mantuvo esa línea.

Muchos políticos salientes se incorporaron a él para seguir conferenciando en su salón de actos. Uno de esos políticos fue Manuel Azaña, en quien se daban las circunstancias de tener malas relaciones con Unamuno y de haberse marchado del Ateneo el año anterior con malos modos. En aquella ocasión, el diario El Liberal dio la bienvenida a su sucesor, el novelista Ramón María del Valle-Inclán, propuesto por el propio Azaña, y éste respondió con palabras pocos gratificantes: “Lancé el nombre de Valle-Inclán para sucederme. Valle no durará en la presidencia, porque él solo basta para armar líos donde no los hay… El Ateneo es incapaz de formar a nadie, pero sí de deformar y destruir toda disciplina mental”.

 

3.- EL REGRESO DE MIGUEL DE UNAMUNO A SALAMANCA

Pero el mandato de Unamuno fue muy corto, como el de sus dos predecesores, tan sólo once meses, desde el 8 de junio de 1933 hasta el 30 mayo 1934. Cayó en el error común de los intelectuales de la época de creer que los problemas se solucionaban con sus ideas, sin tener en cuenta los imponderables que iban surgiendo en el contexto de la política española, que era muy complejo. Por otra parte, las sociedades culturales acostumbraban a estar presididas por escritores, cuando lo que realmente necesitaban eran buenos gestores. Unamuno soslayaba la administración ordinaria del Ateneo y se limitaba a estar presente en las tertulias y a animar los debates.

El Rector había alcanzado ya los setenta años y esa edad no le permitía continuar con la constante polémica que mantuvo durante toda su vida. Manuel Azaña volvió dispuesto a dar la batalla política contra el Gobierno desde el Ateneo, incluso solicitando manifestaciones callejeras que le eran denegadas. Utilizó las instalaciones de la institución para sus campañas políticas y fundar el nuevo partido Izquierda Republicana, con Marcelino Domingo y Santiago Casares Quiroga, en el que también militaba José María Quiroga Pla, yerno de Unamuno.

El Ateneo tenía por delante situaciones excepcionalmente difíciles que sobrepasaban su ámbito cultural. El 29 de octubre de 1933 se funda Falange en el Teatro de la Comedia de Madrid, con una clara influencia del fascismo italiano. Y el 27 de marzo de 1934 las Cortes aprueban la pena de muerte para combatir la inestabilidad social. Unamuno no se veía con fuerzas para afrontar el momento. Por otro lado, Azaña era insufrible para él y, sin dudarlo, decidió que lo más apropiado era abandonar el Ateneo y retornar a Salamanca. En consecuencia, convoca elecciones para renovar la junta, de la que saldría elegido presidente Fernando de los Ríos, ex ministro de Justicia, que sería el último de la etapa republicana.

 

4.- LA ANIMADVERSIÓN QUE UNAMUNO SENTÍA CONTRA MANUEL AZAÑA

Si algo le había decepcionado sobremanera de la República fue la presidencia de Manuel Azaña. Le odiaba sin ningún disimulo y lo manifestaba tanto en público como en privado. Buen testigo de ello fue José Luis Galbe, que llegó a ser Fiscal del Tribunal Supremo y terminó exiliado en Cuba. Desde el país caribeño Galbe recordaba a Unamuno cuando ejercía su profesión en los tribunales de Ávila. Un día, Manuel Ciges Aparicio, gobernador civil de esa provincia, le invitó junto a otros compañeros a visitar a Unamuno en Salamanca, donde con toda seguridad le encontrarían en la tertulia del Café Novelty.

Decía Galbe que Unamuno siempre hablaba ex cátedra. Aquella tarde la tomó con el presidente Azaña, ‘un escritor a quien nadie lee’, acusándole de todo y dudando de su tendencia sexual. Su conversación resultaba tan comprometedora para aquellos altos funcionarios que Galbe cogió su taza de café y se fue a otra mesa. Ofendido Unamuno, se levantó, tomó aquella taza y volvió a colocarla en la suya increpándole: ¿Qué le pasa? ¿No está de acuerdo con lo que digo? A lo que Galbe respondió: “Mire, si en vez de decir esto aquí, fuera de mi jurisdicción, lo hubiera dicho usted en Ávila, lo hubiera metido preso”. Unamuno no articuló palabra.

(Portada. Biblioteca del Ateneo de Madrid. ateneodemadrid.com)

 

 

Miguel de Unamuno. Escalera del edificio histórico. Universidad de Salamanca (CMU)

 

Unamuno en el Ateneo de Madrid, Manuel Azaña detrás de él (CMU)

 

Puerta principal del Ateneo de Madrid. Calle Prado 21

 

 

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