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Miguel de Unamuno y el Pacto de San Sebastián

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Miguel de Unamuno y el Pacto de San Sebastián

 

 

 

TRAS LA SALIDA DE ESPAÑA DEL GENERAL PRIMO DE RIVERA Y EL SIMULTÁNEO REGRESO DE MIGUEL DE UNAMUNO, LOS PARTIDOS REPUBLICANOS SE ORGANIZARON PARA UN CAMBIO DE RÉGIMEN (Foto. Mitin en el Teatro Bretón).

 

 

 

1.- El Pacto de San Sebastián

2.- El mitin del Teatro Bretón de Salamanca

3.- Intervención de Unamuno

 

 

1.- EL PACTO DE SAN SEBASTIÁN

La República no surgió espontáneamente un 14 de abril. Fue el resultado de la acción coordinada que las fuerzas republicanas llevaron a cabo durante el año 1930, cuando aún Alfonso XIII reinaba en España. Tras la caída del general Primo de Rivera y su autoexilio en París, el monarca nombró como sucesor al general Dámaso Berenguer para restablecer la Constitución de 1876, una desafortunada idea que no fue aceptada por las organizaciones políticas.

El nuevo régimen no llegó de la mano de las izquierdas, sino del partido denominado Derecha Liberal Republicana, creado por Niceto Alcalá Zamora, antiguo ministro de la Corona, y Miguel Maura, hijo del también ministro Antonio Maura, que pretendían instaurar una República conservadora “de ley y orden”. Pero, todas las tendencias comprendieron que no harían caer a la monarquía en tanto que no canalizaran juntos todos sus esfuerzos. Para ello, se reunieron el 27 de agosto de 1930 en San Sebastián, en la sede de la Unión Republicana, asistiendo personalidades como Manuel Azaña, Álvaro de Albornoz, Ángel Galarza Gago, Alcalá Zamora, Miguel Maura, Casares Quiroga, Indalecio Prieto y Eduardo Ortega y Gasset, entre otros. Unamuno no asistió porque era un político al margen de la política de partidos. En el Pacto de San Sebastián acordaron dar mítines por toda España con el fin de recabar la adhesión del pueblo.

Es así como el 5 de febrero de 1930 se celebró en Salamanca uno de esos eventos en el Teatro Bretón. La convocatoria fue realizada por el doctor Casto Prieto Carrasco de la Convención Republicano Socialista, contando con la intervención y la de los abogados Ángel Galarza y Álvaro de Albornoz, ambos pertenecientes al Partido Radical Socialista, y del rector Miguel de Unamuno, a título individual, que había regresado del exilio francés el 13 de febrero de ese año. También se esperaba la participación del arquitecto Antonio García Sánchez-Blanco, uno de los firmantes del Manifiesto Fundacional de la Agrupación Republicana, pero no compareció por hallarse en enfermo, y en su lugar lo hizo José de los Ríos, ingeniero de los Saltos del Duero de Zamora, hermano del jurista Fernando de los Ríos que luego sería minstro.

 

2.- EL MITIN DEL TEATRO BRETÓN DE SALAMANCA

El acto tuvo una afluencia inusitada. Poco antes de la diez de la mañana, por la calle San Justo bajaba una constante riada de asistentes que enseguida llenaron los dos pisos altos del teatro. Su aforo era de 1.050 localidades, que aumentaron al doble colocando sillas por los palcos, plateas y pasillos. Hubo más de 2.000 asistentes. Pero en la calle quedó una gran masa de personas sin poder acceder al interior. El orden se mantenía con jóvenes republicanos que portaban un brazalete rojo y distribuían hojas de propaganda. La representación de Béjar, Peñaranda y Zamora era muy nutrida. Ante una respuesta tan masiva e inesperada, los organizadores se lamentaban de no haber celebrado el mitin en la plaza de toros.

A las once en punto se cerraron las puertas y los intervinientes fueron recibidos en el escenario en medio de una larga ovación. Importante fue la presencia de la prensa, destacando la cobertura fotográfica de Amalio Gombau. A Prieto Carrasco le correspondió la presentación de sus compañeros, recordando que desde hacía siete años no se habían vuelto a concurrir a un acontecimiento como aquel mitin. Le siguió José de los Ríos, que recordó a su hermano el líder socialista Fernando de los Ríos.

A continuación, Ángel Galarza dio una lección de lo que es un orador clásico con su voz rotunda. Alabó la trayectoria de Miguel de Unamuno, su famosa conferencia en el Ateneo de Madrid que le causó el cese como Rector, criticando a Primo de Rivera por la mordaza que puso al pueblo y a la prensa. Por su parte, Álvaro de Albornoz, un gran conferenciante con las ideas reformistas de Joaquín Costa y de Unamuno, esbozó diáfanamente su meta: “La consecución de una República con su contenido social y económico, porque sería criminal lanzar al pueblo a una revolución sólo para sustituir a un rey por un presidente. No merecería la pena si a ese cambio no va unida la transformación política, social y económica que redima al gañán del campo, al labrador y al obrero, al comerciante y al industrial, a todos, en fin”.

 

3.- INTERVENCIÓN DE UNAMUNO

Cuando Unamuno se levantó, el público se puso en pie y le aplaudió por largo tiempo, no en vano, no hacía mucho que había regresado de su destierro y exilio de seis años en Francia. El Rector fue breve y directo a la cuestión: “Vengo a deciros que esto no es un mitin electoral, sino más que eso: esto son ya las elecciones y vuestros votos son bien significativos”. Hizo un canto a la juventud que entonces nacía a la vida civil y recordó las responsabilidades que el Rey y el gobierno venían arrastrando desde del Desastre del Rif y otras guerras africanas. Las ovaciones fueron unánimes y prolongadas, cerrando así el acto que se había desarrollado sin ningún incidente tanto dentro como fuera del teatro.

La jornada terminó al uso de la época, con un banquete que comenzó a las dos de la tarde en la Hostería Vasca, en la Plaza del Mercado 64, en honor a los cuatro disertantes. El precio del suculento menú era de 11,50 pesetas, y el número de comensales tuvo que ser limitado a cien “por la insuficiencia del local”. En los postres tomaron la palabra varios oradores: Ángel Galarza; José Camón Aznar, catedrático de Historia del Arte; Lorenzo de Benito, catedrático de Derecho Mercantil; el poeta José María Quiroga Pla, yerno y secretario de Miguel de Unamuno y, finalmente, el Rector, que comentó los discursos de quienes le precedieron y la actualidad de la política española.

Unamuno entonces dio su apoyo incondicional para la instauración del nuevo régimen. Pero, más tarde, cuando el 12 de julio de 1931 salió elegido diputado electo para las Cortes, tuvo ocasión para decepcionarse viendo la deriva revolucionaria que iba tomando la República, llegando a manifestar en una de las sesiones que quienes en 1930 fueron parte en el Pacto de San Sebastián no trajeron la República: fue la República la que los trajo a ellos. 

 

 

 

El Pacto de San Sebastián

 

Miguel de Unamuno

 

 

 

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