Miguel de Unamuno en Bélgica
EN 1924 MIGUEL DE UNAMUNO SE TRASLADÓ POR UNOS DÍAS A BÉLGICA INVITADO POR EL POETA PAUL VANDERBORGHT Y TUVO CONTACTO DIRECTO CON LA MODERNIDAD EUROPEA
1.- La Lanterne Sourde
2.- Estancia de Unamuno en Bélgica
3.- Unamuno por las calles de Bruselas
4.- Escasos datos de su presencia en Bélgica
5.- El Comité Rupert Brooke
1.- LA LANTERNE SOURDE
Mientras Unamuno estuvo exiliado en Francia, permaneció con su mente en España. En el café La Rotonde sólo se hablaba de las noticias patrias que iban llegando. La numerosa tertulia hispana en poco se diferenciaba de las del Café Novelty de Salamanca o la de La Cacharrería del Ateneo de Madrid. Seguía manteniendo los ataques al gobierno dictatorial y su principio de que “hay que españolizar Europa”.
Pero, excepcionalmente y por una vez en su vida, tomó contacto directo con la modernidad europea. La ocasión se la brindó La Lanterne Sourde, una revista literaria belga de vanguardia, que pronto se convirtió en un movimiento cultural que organizaba conferencias, banquetes, exposiciones, conciertos y otros encuentros en Bruselas.
Sus miembros, que se interesaban por las disciplinas más innovadoras del conocimiento, pertenecían al Círculo de Estudiantes de la Universidad de Bruselas. El nombre de La Lanterne Sourde se debe al poeta valón Charles Plisnier, un internacionalista que vivía con la esperanza de mantener una paz definitiva en Europa. Su propósito era conciliar el saber de la Universidad bruselense con las Bellas Artes y dar publicidad a las últimas tendencias dando rienda suelta a sus novedades culturales.
El poeta flamenco Paul Vanderborght fue el fundador y director de aquel grupo desde que fue creado en la Universidad de Bruselas en 1921, finalizada la Gran Guerra Europea, en colaboración con el también poeta Pierre Bourgeois. Vanderborght había cursado la enseñanza secundaria en el Ateneo de Charleroy y Filosofía y Letras en la Universidad bruselense. Hubo un tercer poeta en los inicios de la revista, René Purnal, amigo de Vanderborght a quien conoció en las aulas.
Tan pronto como los miembros de la Lanterne Sourde tuvieron conocimiento de que Miguel de Unamuno dejaba su destierro de Fuerteventura y se dirigía a París, Vanderborght hizo gestiones para que le comunicaran el lugar dónde se iba realizar la manifestación de recibimiento para asistir a ella, y en el curso de la misma le haría el ofrecimiento formal de acudir a un acto en su honor en Bruselas, junto a Henri Dumay, director de Le Quotidien, quien le había sacado de la isla. Unamuno aceptó y se trasladó a Bélgica el 11 de agosto de 1924 para una breve estancia de cinco días.
2.- ESTANCIA DE UNAMUNO EN BÉLGICA
Según el dramaturgo Michel de Ghelderode, al día siguiente de la llegada brindaron un homenaje a Unamuno para celebrar su presencia mediante un banquete en el Hôtel du Mouton d’Or, seguido de una recepción en la Fondation Universitaire de la Universidad de Bruselas, en una de cuyas salas Vanderborght recordó a los asistentes a aquella velada que ellos fueron los primeros que en Bélgica protestaron por la deportación que Primo de Rivera había decretado contra Unamuno, y evocó el paseo que la noche anterior habían dado por el popular barrio de Les Marolles . Su discurso fue publicado posteriormente en la revista literaria Renaissance d’Occident.
Le siguió Unamuno con unas palabras de agradecimiento a sus nuevos amigos y continuó con la lectura de un fragmento de su Cristo de Velázquez en francés, recibiendo una prolongada ovación. Ghelderode señalaba: “Conociendo mal el francés, pero poseyendo una clarividencia sorprendente de nuestra lengua, se esforzó en hacer penetrar a los asistentes en el sentido de su obra”. No obstante, por si surgía alguna dificultad con el idioma, le acompañó el traductor español Aznar Casanova. Al finalizar el acto, los participantes, en su mayoría estudiantes universitarios, mostraron a Unamuno las calles del barrio de La Chapelle. Sin duda, el acontecimiento supuso un hito importante en la historia de las relaciones culturales entre España y Bélgica.
Al día siguiente le llevaron a la ciudad flamenca de Gante, lugar de nacimiento del Emperador Carlos V, enseñándole sus edificios históricos y los famosos canales. En aquellas inolvidables jornadas también conoció al escritor parisino Lèon Bazalguette, íntimo amigo del austriaco Stefan Zweig, ambos ensayistas, biógrafos y críticos literarios.
De hecho, aquel círculo promovido por Paul Vanderborght y Pierre Bourgeois, principales, mentores de la agrupación, estuvo compuesto principalmente por escritores belgas de lengua francesa, que estrecharon lazos con escritores de países vecinos como Francia, Inglaterra, Alemania y Holanda. En otras ocasiones también fueron invitados a participar en sus actividades Paul Valéry, Stefan Zweig, Georges Bernanos, Le Corbusier, Louis Jouvet …
Una vez que Unamuno regresó a París, el 14 de agosto, escribió una carta a Vanderborght en la que le agradeció la inolvidable velada del día 11 en la Fundación Universitaria. También recuerda el retrato que le realizó el pintor Lebrun y manda saludos al traductor español Aznar Casanova, expresándole su deseo de volver a pasear algún día con él por la Rue Haute de Bruselas.
3.- UNAMUNO POR LAS CALLES DE BRUSELAS
El 1 de noviembre de 1924, Miguel de Unamuno escribió unas breves notas en el semanario Caras y Caretas de Buenos Aires sobre lo que había visto en las calles de Bruselas. Era agosto y coincidía que se celebraba la fiesta del Meyboom en la que conmemoran una rivalidad medieval con la vecina ciudad de Lovaina.
“El domingo diez de este mes de agosto lo pasé en la capital de Bélgica y nada me asombró más que esos mascarados por las calles, que parece son de todos los domingos. El carnaval parece allí perpetuo, pero un carnaval ingenuo, sencillo, sin careta, una kermesse. Sobre todo, sin careta. No necesitan taparse la cara para divertirse, por lo que he hecho mal en llamarles mascarados.
Por medio de la calle precedidas por una charanga y unas banderas, desfilaban filas de buenos ciudadanos y de buenes ciudadanas, obreros y obreras, vestidos con traje, ya no en uso, de campesinos. Algo así como los trajes de charro y charra que ya no sirven más que para disfrazarse. Pero lo que en Bruselas tiene que sorprenderle a un español que llega del centro de España, de la grave y solemne Castilla, es ver que entre esos honrados ciudadanos que así se divierten desfilando en formación, al compás de la charanga, cogidos de los brazos alguna vez y hasta fingiendo algún hombre que es el vino el que alegra, que entre ellos se cuenten varones y mujeres más bien maduros, algunos y algunas que más bien pueden ser abuelas.
Delante de una de esas regocijadas y regocijantes comparsas populares iban unos chiquillos, no disfrazados sino con su habitual atavío, más bien pobre y desaliñado, y una de ellas bailaba frenéticamente lanzando las piernas al aire. Una honrada muchachita, cosa que en nuestra Castilla no se comprende. Y detrás, venerables matronas grasas y gruesas madres y aún abuelas de familia, algunas a las que se les puede llamar ancianas, llevando el paso con toda la solemne variedad de la diversión. Porque allí la gente se divierte como los niños seriamente, tomando la diversión en serio”.
4.- ESCASOS DATOS DE SU PRESENCIA EN BÉLGICA
Las biografías de Miguel de Unamuno apenas menconan su presencia en Bélgica. Tan sólo Frederik Verbeke, profesor de la Universidad del País Vasco, ha aportado un esclarecedor estudio: “Anotaciones sobre Unamuno y su estancia en Bruselas de 1924”. Verbeke hace hincapié en la afinidad entre Paul Vanderborght y Miguel de Unamuno. Según su análisis, se encontraron en Bruselas en 1924 poco después del golpe militar de Primo de Rivera y del exilio de Unamuno en Francia, y ahí empezó una fructífera relación que permitió el intercambio de reflexiones entre los dos literatos.
Verbeke señala que “Paul Vanderborght recurrió a la colaboración de Unamuno” para crear las Amistades Hispano-Belga-Americanas, “un grupo literario, artístico e intelectual” de los años treinta que tenía como objeto “intensificar y consolidar el acercamiento entre escritores, artistas e intelectuales de España y Bélgica”. Aunque no conocemos los pormenores de esta colaboración, resulta evidente que la amistad entre Vanderborght y Unamuno animó a otros poetas españoles a participar en aquel grupo literario de Bruselas.
Por su parte, Reine Meylaerts y Diana Roig-Sanz señalan algunos de los miembros españoles que se asociaron al grupo: Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre, Luis Araquistaín, Azorín, Luis Cernuda, Ramón Gaya, Giménez Caballero, Jacinto Grau, Juan Guerrero Ruiz, Antonio Machado, Salvador de Madariaga, Gregorio Marañón, Ramón Menéndez Pidal, Antonio Marichalar, Pedro Salinas y Salvador Albert.
5.- EL COMITÉ RUPERT BROOKE
Paul Vanderborght asumió el papel de mediador cultural entre Bélgica y España. Junto a su colaborador Pierre Bourgeois, no sólo gestaron las Amistades Hispano-Belga-Americanas, también abrieron un centro de acción en el Cairo. Allí, Vanderborght se trasladó en 1925 para residir hasta 1930. Además, en 1929 crearon el Comité Rupert Brooke de intelectuales pacifistas del periodo de entreguerras, de carácter internacional, formado por un importante número de escritores de Europa, América y Oriente.
El 3 de febrero de 1930, Vanderborght escribe a Miguel de Unamuno, que ya había regresado a Salamanca después de seis años de destierro y exilio, y le pide apoyo y adhesión al mencionado Comité, con el fin de erigir una estatua en la isla griega de Skyros, en el Mar Egeo, al que respondió formalizando la adhesión para una causa tan justa como era la pretensión de mantener la paz y la cordialidad entre todos los países del mundo. Se trataba de un monumento dedicado al poeta británico Rupert Brooke, a quien el irlandés William Butler consideraba “el hombre más guapo de Inglaterra”, que allí había muerto en 1915, a los veintiocho años de edad. Era el paradigma de los setecientos cincuenta mil jóvenes ingleses que sucumbieron en el transcurso de la Gran Guerra Europea, el soldado desconocido. Brooke intuía que iba a morir lejos de su pais y dejó escrito: «Si muriera, pensad tan sólo que aquel recodo de una tierra extraña será para siempre Inglaterra».
El primer ministro griego Elefthérios Venizélos fue designado presidente del Comité, y Paul Vanderborght el secretario general. Éste fue organizando los diferentes comités nacionales. En España participaron Américo Castro, Guillermo de Torre, Ramón Gómez de la Serna, Jorge Guillen, Antonio Marichalar, Eugenio d’Ors y Miguel de Unamuno.
En otros países contaron con personalidades tan destacadas como Winston Churchill, Giuseppe Ungareti, Jean Cassou, Paul Claudel, George Duhamel, André Gide. Jean Giraudoux, André Maurois, Paul Valéry, Manuel Ugarte, Gabriela Mistral, Alfonso Reyes, Rabindranath Tagore, Kostantinos Kaváfis, Nikos Kazantzakis, Ernst Robert Curtius … una nómina de 150 intelectuales.
(Foto. Bruselas. Grand Place. visit.brussels)

Miguel de Unamuno. Junto al Grand Palais. París. (BNF)

Revista La Lanterne Sourde

Fundación Universitaria. Bruselas

El poeta Paul Vanderborght

El poeta Pierre Bourgeois

El poeta Rupert Boooke

Inauguración del monumento a Rupert Brooke

