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domingo 16 junio 2024
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El saber medieval en la Cueva de Salamanca

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El saber medieval en la Cueva de Salamanca

 

 

ALFONSO X IMPULSÓ EL “ARS TOLETANA”, LA ALQUIMIA Y LAS CIENCIAS ORIENTALES, QUE SUS SUCESORES POSTERIORMENTE PROHIBIERON

 

 

1.- EL rey Alfonso X el Sabio impulsó las ciencias experimentales

2.- Prohibición de los estudios orientales

3.- La Cueva de Salamanca en la Literatura

 

 

1.- EL REY ALFONSO X EL SABIO IMPULSÓ LAS  CIENCIAS EXPERIMENTALES

Investigadores en los archivos de Toledo han llegado a la conclusión de que el autor del Lazarillo de Tormes fue un toledano formado en Salamanca. Escribió una novela autobiográfica y describió personajes auténticos de la ciudad imperial, perfectamente identificables. El destinatario de la historia es una persona concreta, de la que en el último párrafo se despide diciendo: “Esto fue el mismo año que nuestro victorioso Emperador en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella Cortes, y se hicieron grandes regocijos, como vuestra merced habrá oído. De lo que de aquí en adelante me sucediere avisaré a vuestra merced”. Su creador quiso permanecer en el anonimato por tratarse de una dura crítica social y por ser, con mucha probabilidad, un judío converso.

Esta fluida comunicación cultural entre Toledo y Salamanca no fue casual. Con Alfonso X nace un movimiento muy intenso que se prolongará durante varios siglos. Estudiantes de Toledo acudirán a la Universidad de Salamanca, y en la mítica Cueva de Salamanca se realizará el Ars Toletana, prácticas de alquimia que será el fundamento de la moderna química analítica, posteriormente prohibidas, por basarse en ciencias orientales y por dar pábulo a supersticiones.

El Rey Sabio dio un impulso revolucionario a la Universidad salmantina, cuyo Estudio General había sido fundado a principios del siglo XIII por su abuelo, el rey Alfonso IX de León, producto de la rivalidad con Alfonso VIII de Castilla, que por entonces había erigido el Estudio General de Palencia. Concibió que la cultura debía ser secularizada e independiente del poder eclesiástico al que estaba sometida, no sólo por las materias que se impartían en las aulas, sino por el uso del latín, en la práctica, un código hermético al que únicamente podían acceder los clérigos. Pero, sobre todo, estaba convencido de la superioridad del saber oriental, de las ciencias experimentales que conocían los árabes y judíos de la península, cuya entrada en la Universidad estaba vetada.

Así, en la toma del enclave taifa de Niebla (Huelva), Alfonso X comprueba con asombro cómo el rey Ibn Mahfud Musa utiliza, por primera vez, unos rudimentarios cañones accionados por un polvo negro que explotaba al entrar en contacto con una mecha encendida. Era la pólvora, una mezcla de azufre, carbón y salitre. Y tiene noticia de que en el siglo XI un árabe toledano llegó a la conclusión de que los planetas describían órbitas elípticas, mientras que el filósofo Averroes aporta a la medicina occidental importantes innovaciones ignoradas. En consecuencia, el Rey abre la Corte de Toledo a astrólogos y alquimistas, proporcionándoles aposento en sus palacios y crea la Escuela de Traductores.

En 1256 hace traducir el libro de alquimia de Picatrix, para quien la astrología era el sustrato de todas las artes mágicas, por transmitir los principios creadores próximos a los dioses, que incluía una relación de filtros capaces de producir ciertos efectos físicos en el cuerpo humano. También traduce el Libro de la Açafeha o el Astrolabio del astrónomo cordobés Az-Zarquali, el Libro de la Alcora, de Kostahn Luka, y otros, como las Tablas Astronómicas o el Lapidario, en el que se pone en relación a las estrellas con las piedras preciosas que contenían algún amuleto secreto que condicionaba el destino del hombre.

Todos esos conocimientos pasaron a la Universidad de Salamanca, formando parte de las siete artes liberales, de lo que se hizo eco el judío Pedro Alfonso en su Disciplina Claricalis, alcanzando un gran auge en la época alfonsí. Ese conocimiento se denominará Ars Toletana, primordialmente, constituido por la alquimia, que permitirá la realización de ciertas operaciones químicas, aunque, en realidad la meta utópica era otra, la de encontrar la piedra filosofal, que convertía los metales en oro y el elixir de la eterna juventud.

 

2.- PROHIBICIÓN DE LOS ESTUDIOS ORIENTALES

A la muerte de Alfonso X, los estudios orientales fueron abandonados y proscritos. Sus sucesores, Sancho IV y Fernando IV, retiraron los fondos con que se dotaba a la Universidad de Salamanca, que permaneció cerrada durante largo tiempo. Esta circunstancia de desidia real fue aprovechada por los Papas para hacerse con los estudios universitarios y proclamarse sus plenos tutores. De esta manera, implantan la cátedra de Teología y recuperan las doctrinas filosóficas de Santo Tomás, frente a las aristotélicas de Averroes o del hebreo cordobés Maimónides, que fueron condenados por la Iglesia, así como los estudios de Astronomía. Los monarcas castellanos y la jerarquía eclesiástica rechazaron el proceso de orientalización de la sociedad cristiana, alcanzando esta postura su momento más crítico con los Reyes Católicos al expulsar de la península a los judíos y, posteriormente, a los moriscos.

De este modo, aquellas prácticas continuaron clandestinamente en Cuevas que se hallaban en los sótanos de los templos, la de Hércules en Toledo, bajo la iglesia de San Ginés, y la de Salamanca, en el subsuelo de San Cebrián, junto a la Catedral Vieja, que alcanzó renombre mundial. La iglesia salmantina de San Cebrián o San Cipriano, fue levantada a mediados del siglo XII. La Cueva, en realidad, no es tal, sino la sacristía constituida por una cripta bajo el altar mayor, aprovechando el desnivel de la Cuesta de Carvajal, dando el aspecto de cueva por la topografía del terreno. Dicho lugar fue mandado cerrar por los Reyes Católicos y, en 1584, el edificio fue derribado y sus piedras aprovechadas en la construcción de la Catedral Nueva. Hoy se conserva la mitad de la sacristía con su bóveda de piedra y la escalera.

Una antigua leyenda vincula al Marqués de Villena con la Cueva de Salamanca, un anacronismo desarticulado en 1951 por el discípulo de Unamuno, Manuel García Blanco, en la revista Anales Cervantinos. Pero lo cierto es que el noble castellano conoció aquellas artes de la magia oriental y alcanzó fama de brujo con su Tratado de aojamiento o Fascinología, y más aún, posteriormente, cuando se retira a su señorío de Iniesta, en la actual casa de la corporación municipal, para dedicarse a la alquimia y a la astrología. Habiendo corrido el rumor de que había tenido tratos con el diablo, a su muerte, el rey Juan II ordenó quemar su biblioteca al medinense fray Lope de Barrientos, siendo Obispo de Segovia.

La aureola de magia que envolvía a la Cueva de Salamanca tuvo su primer detractor en el matemático Pedro Ciruelo, que en 1538 publicó la Reprobación de las supersticiones y hechicerías. Pero fue en la Ilustración, primordialmente, el Padre Feijoó, el que mostró una mayor oposición a las creencias supersticiosas con su obra Teatro Crítico Universal.

 

3.- LA CUEVA DE SALAMANCA EN LA LITERATURA

La Cueva de Salamanca tiene cierta relevancia en la historia de la Literatura. Sería arduo enumerar a los autores hispanos y extranjeros que la mencionan a través de los siglos: Cervantes, en un entremés; Alonso de Ercilla, en La Araucana, la primera epopeya americana; Juan Ruiz de Alarcón, Hartzenbusch, Walter Scott…Y en el lenguaje cotidiano, el vocablo “salamanca” ha mantenido en Sudamérica distintas acepciones alusivas a la Cueva salmantina. En Chile, significa “cueva natural que se encuentra en los cerros”. En Argentina, “salamandra que se encuentra en las cuevas y que los indios consideran el espíritu del mal”. En nuestro país, la palabra ha caído en desuso y la Real Academia de la Lengua ya no la recoge como expresión castellana.

 

 

Libro de los Juegos de Alfonso X el Sabio

 

 

 

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