Lois, la Cátedra de Latín de la montaña leonesa
LA CÁTEDRA DE LATÍN DE LOIS ESTUVO ABIERTA DESDE 1744 HASTA 1965. DE ELLA SALIERON NOTABLES PERSONAJES DE LA POLÍTICA, LA ADMINISTRACIÓN Y EL ALTO CLERO
1.- Lois en los Picos de Europa
2.- Una catedral y una cátedra
3.- La imposición del Latín
4.- Método de enseñanza
5.- La cátedra en la actualidad
1.- LOIS EN LOS PICOS DE EUROPA
Nos dirigimos al Parque de los Picos de Europa en su vertiente leonesa, en dirección a Riaño, un bello enclave de los Alpes suizos en la península ibérica que bien merece una visita. Pero, nos detenemos un poco antes, porque esta vez vamos a la pequeña localidad de Lois. Sin llegar a Crémenes, hay un desvío a la izquierda para tomar una estrecha carretera de alta montaña que transcurre en paralelo al río Dueñas en su descenso entre antiguos molinos y peñas hasta encontrarse con el Esla en la meseta.
A nuestro paso dejamos a la derecha la ermita de la Virgen de Roblo, que cada 15 de setiembre concita a fervorosos fieles de los pueblos de Salamón, Valbuena y Las Salas. Y llegamos a Lois, un curioso pueblo de apenas sesenta habitantes cuyos antepasados prerromanos no eran astures, ni vacceos de la meseta, sino vadinienses, de la tribu cántabra de Vadinia, cuyo enclave era conocido por Ptolomeo. Se han encontrado numerosas lápidas en la zona que acreditan dicha procedencia. De Lois hay dos en el Museo Provincial de León.
Las antiguas viviendas de la población eran parecidas a las pallozas de los Ancares. De ellas queda una, la llamada “Casa del Humo”. Las paredes que la sustentan son amplias de piedra y la techumbre de madera. Por cima está cubierta por materia vegetal seca de forma que el agua de la lluvia no caiga al interior. Al no existir luz eléctrica en aquellos tiempos se usaban velas y leña para la lumbre que hacía de cocina y daba calor a la casa. Como consecuencia, el interior aparecía muy sombrío y el humo se filtraba por el techo porque no había chimenea. De ahí la denominación de la casa.
2.- UNA CATEDRAL Y UNA CÁTEDRA
Llegando a Lois, lo primero que se aprecia es una iglesia descomunal, “la Catedral de la Montaña”, cuyo aspecto de monumento no concuerda con el entorno que la rodea, a la que se accede a través de un suelo enlosado. Es de estilo escurialense herreriano, de sobrio barroco. Fue construida en 1742 por Juan Manuel Rodríguez Castañón, clérigo que llegaría a ser obispo de Tuy, advocándola a la Natividad de María. Encargó las obras a Fabián Cabezas, maestro mayor de obras de la Catedral de Toledo, que usó como material el mármol rojizo y rosado vetado propio de las canteras del lugar, tardando en construirla nueve años, de 1755 a 1764, según grabó en el dintel de la entrada al templo.
Pero si hay algo sorprendente es encontrar el antiguo edificio que durante dos siglos estuvo destinado a “Cátedra de Latín”. Se trataba de una preceptoría con una casa para vivienda del preceptor de Gramática y el aula o Cátedra de Humanidades y Letras. Su fundación tiene origen en el legado otorgado en un memorial en 1740 por Jerónimo Rodríguez Castañón, un sacerdote que fue capellán del Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares, fundado por el Cardenal Cisneros, y capellán de la Capilla de los Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo. En 1744, su sobrino Juan Manuel Rodríguez Castañón fue quien abrió la Catedra en tiempo del rey Felipe V, nombrando como primer preceptor o dómine a Andrés de Benavides, que provenía de Grajal de Campos. Según el memorial, la administración correría a cargo de dos patronos, el Obispo de León y un descendiente del fundador.
Anteriormente, otro familiar de ellos, Pedro Rodríguez Castañón, penitenciario de la Catedral de Valladolid, había abierto una escuela de párvulos en 1701. Pero las enseñanzas de la cátedra eran superiores. Sería lo equivalente a un bachillerato de cuatro años de Letras, previo a otros estudios complementarios en el Seminario de León, que permitían el acceso a la Universidad.
El origen de los alumnos era muy variado. Pero para el ingreso tenían preferencia y sin coste alguno los vecinos de Maraña, Liega, Valbuena del Rollo y Lois. Los demás pagaban una módica cantidad. Al haber un único preceptor, los cuatro cursos que duraba la permanencia en la Cátedra se daban a la vez en el mismo aula. Solía haber 60 alumnos. Muchos de ellos se alojaban en las casas del pueblo, en grupos de tres o cuatro, ayudando así a la economía de sus habitantes.
3.- LA IMPOSICIÓN DEL LATÍN
Otra peculiaridad era el aprendizaje del latín en un nivel muy alto, de manera que entre ellos debían comunicarse en esa lengua, que en términos actuales los docentes denominan “vehicular”. Tenía una gran importancia práctica para los que se incorporaban al clero, porque cuando dialogaban con otros de diferentes nacionalidades hablaban en latín, y eso les ayudaba a conseguir relevantes puestos de nombramiento papal.
Esa es la causa por lo que la Cátedra de Lois alcanzó un gran renombre que duró hasta que fue clausurada en 1965, cuando ya los sacerdotes y los religiosos renunciaron a aquella singular prerrogativa de hablar una lengua universal en beneficio de idiomas como el francés y el inglés. Todavía a mediados del siglo XX los clérigos mantenían viva una lengua muerta, una joya lingüística que hoy sólo interesa a los filólogos. Aquel prodigio finalizó con Ratzinger, el papa intelectual, o puede que acabara antes, pero, sí definitivamente.
Para algunos cronistas, la misión de la Cátedra de Lois era la de recoger todo el saber que los monasterios guardaron entre sus muros durante siglos como un código hermético. Sin descartarlo, lo cierto es que el conocimiento del latín estaba muy asentado en la Corte y en la Administración. Su uso no sólo tenía un carácter cultural, sino también práctico.
En la Edad Media, los embajadores se comunicaban en latín con Inglaterra, los países nórdicos y del centro de Europa. Esa tendencia alcanzó su máxima expresión durante el Renacimiento con la reina Isabel la Católica, que procuraba hablar en latín con los enviados extranjeros, sin necesidad de traductores. En la Universidad de Salamanca, el humanista Antonio de Nebrija corrigió las desviaciones que había sufrido la lengua durante diez siglos con su obra Introductiones Latinae, convirtiéndola en libro de texto. Sin embargo, la reina se mostró muy recelosa con su Gramática Castellana. Quiso mantener el latín en la corte para entender las palabras que sospechosamente se intercambiaban los embajadores en su presencia. Y procuró que las damas a su servicio hablaran en latín con ella, como fue el caso de doña Isabel Galindo, conocida como La Latina.
4.- MÉTODO DE ENSEÑANZA
En cuanto al método de enseñanza, por la experiencia acumulada de tantos años, se desprende que era mucho más pedagógico de lo que se cree. Era memorístico y los mayores enseñaban a los más pequeños. De esa forma, cada año estudiaban temas nuevos y recordaban lo ya aprendido anteriormente. La disciplina era muy severa, pero garantizaba privilegios en el futuro. Estudiar las “declinaciones” y los “casos” resultaba muy productivo. Estaban acostumbrados a la docencia y, de entre ellos, no sólo salieron maestros, sino también políticos, médicos, abogados, ingenieros, eclesiásticos, escritores y académicos de la Real Academia de la Lengua.
El preceptor primaba el esfuerzo y la competición entre los alumnos. Reservaba los sábados para realizar sesiones de emulación. En el aula no había pupitres, sino bancos junto a la pared donde los chicos se sentaban formando dos equipos o bandas para lanzarse preguntas mutuamente, hasta que por un sistema de puntos, uno de ellos quedaba derrotado. El sistema era muy eficaz y dotaba a los alumnos de una buena base.
Cuando el periodista salmantino Luis Bello recorrió España en 1926 para informar de la situación de las escuelas, comprobó con asombro cómo en la provincia de León, especialmente en el norte, no existía el analfabetismo general del país. El extraño fenómeno no sólo se producía en Lois, también en Villablino, San Feliz de Torío… En toda la extensa montaña leonesa se habían mantenido las enseñanzas de la Ilustración.
El latín era la base para la enseñanza del resto de las Humanidades, como la Geografía o la Historia. No sólo estudiaban a los cronistas romanos clásicos, como César o Cicerón, sino también a los cristianos, como el Kempis, para la introducción a la preceptiva poética latina. Esta obra, La imitación de Cristo, del agustino Tomas de Kempis, era tan enrevesada que el poeta Amado Nervo le dedicó unos sonados versos, que eran repetidos por los escritores del primer tercio del siglo XX en sus tertulias para referirse a alguien con carácter triste y contemplativo: “Ha muchos años que busco el yermo, / ha muchos años que vivo triste, / ha muchos años que vivo enfermo, / ¡y es por el libro que tú escribiste!…”
5.- LA CÁTEDRA EN LA ACTUALIDAD
El edificio de la Cátedra de Latín de Lois seguía el patrón de la construcción autóctona: muros de piedra, techos de madera y cubierta vegetal. El interior del aula tenía escasa luz por ausencia de ventanales, las paredes estaban ennegrecidas por el uso de velas y la estufa de la calefacción. Todos los años había que reparar las goteras que producían una gran humedad y aparecía alguna parte del techo al aire. Ese aspecto de deterioro empeoró desde que cayó en desuso y se convirtió en una ruina.
La originaria Fundación Pía de Gerónimo Rodríguez Castañón – Cátedra de Latinidad fue liquidada y su titularidad pasó al Obispado de León, que la cedió a Cáritas Diocesana. Esta entidad se la vendió a la Junta Vecinal de Lois en 2017 para fines sociales y culturales, lo que permitió que, dos años después, con ayuda de otras Administraciones, acometiera una importante obra de rehabilitación integral en la que sustituyó la cubierta, renovó el forjado de madera y construyó una nueva galería.
(Foto portada. Lois. Iglesia y Casa del Humo)

Iglesia de Lois

Casa del Humo

Cátedra de Latín (J. Herrán)

Cátedra de Latín

Riaño. León

