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Los efectos de la vejez en Miguel de Unamuno

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Los efectos de la vejez en Miguel de Unamuno

 

 

EN 1936, LA VIDA SE LE ACORTABA A UNAMUNO. ERA UN ANCIANO PARA AQUELLA ÉPOCA. QUERÍA SER INMORTAL Y LO CONSIGUE CUANDO CONTINUAMOS LEYENDO SU OBRA  (Gafas de Unamuno. CMU)

 

 

1.- Efectos de la vejez en Miguel de Unamuno

2.- Hasta el golpe de estado de 1936

3.- Después del golpe de estado

 

 

1.- EFECTOS DE LA VEJEZ EN MIGUEL DE UNAMUNO

Los lectores muestran interés por conocer más cómo era el estado de salud de Miguel de Unamuno en los días en que se produjo su fallecimiento. Ciertamente, se encontraba enfermo. Aparte de las patologías señaladas, hipertensión y arteriosclerosis, además de la arritmia cardiaca que padeció toda su vida, sufría una artritis reumatoide, que entonces llamaban reuma, y carecía de los tratamientos que hoy existen. La enfermedad le obligaba a estar semanas enteras “encamado”, como él decía, sin poder levantarse.

Esta dolencia fue empeorando a lo largo de los años. En 1936 se produjo un agravamiento, hasta el punto que ya pensaba en dejar las cosas arregladas antes de irse de este mundo. De eso queda constancia, tanto por sus declaraciones en la correspondencia anterior al golpe militar como después y por los testimonios de los visitantes que describieron su aspecto enfermizo en aquel año. He aquí algunos retazos sobre la salud de Unamuno.

 

2.- HASTA EL GOLPE DE ESTADO DE 1936

Unamuno era joven cuando empezó con las arritmias en el corazón. En 1910, tuvo una importante crisis y así se lo comunica a su amigo el poeta Pascual Maragall, añadiendo que esos días ha de permanecer en cama, paseando algunas horas al sol. Se queja de un dolor continuo en su brazo izquierdo y lleva varios meses con insomnio. Acude a una consulta médica donde comprueban su tensión arterial y recibe el diagnóstico: es  hipertenso.

 

En 1913, vuelve a flaquearle el corazón. Lo achaca a su habitual estado de angustia e irritabilidad. Decide recabar la opinión de otro médico de toda su confianza, Hipólito Rodriguez Pinilla, que confirma la patología de hipertenso dada anteriormente. Le recomienda reposo y pasar mucho tiempo en la cama, lo que cumple a medias porque no prescindió de sus largos paseos por la carretera de Zamora. Ese es el motivo de aparecer en fotografías leyendo sobre la cama vestido, y por lo que, en noviembre de 1936, el polaco Roman Fajans observando a un Unamuno exasperado, dice: “Respiraba con dificultad y se ponía la mano sobre el corazón”.

 

La primera manifestación del reuma que aqueja a Unamuno se produce apenas regresa del exilio. El 16 de abril de 1930 envia una carta a Atenas al escritor serbocroata Bogdam Raditsa, que había conocido en Hendaya, en la que de soslayo le apunta: “El verano he de ir a un balneario a combatir el reuma”. Fue al de Bouzas en Ribadelago (Zamora) del 1 al 5 de junio con el doctor Agustín del Cañizo, invitado por uno de los propietarios, Honorino Requejo. Pero simplemente buscó un descanso para aquellos ajetreados días, no recibió un tratamento específico con aquellas aguas sulfurosas.

 

Por su parte, el doctor Rafael Romero, autor del libro Historia y Medicina, señala que Unamuno escribe una carta en 1931 a su amigo portugués Vitorino Nemesio y le comunica que le han hecho una pequeña operación quirúrgica, pero que su problema principal es la depresión. Le confiesa que empieza a sufrir los achaques de la edad pero que intenta llevar una vida normal paseando y haciendo ejercicio al aire libre. 

 

El 10 de abril de 1936 contesta a una carta del Embajador de España en Argentina, Enrique Díez-Canedo, que le invitaba a dar alguna conferencia en Buenos Aires, a lo que responde:

“Desde hace algún tiempo salgo lo menos posible de aquí, de mi Salamanca. Y me niego a dar conferencias ni en España ni fuera de ella. Sólo derogué cuando se me invitó a darlas en Londres y de paso a recibir el grado de Doctor Honoris Causa en Oxford. Fui, haciéndome acompañar de mi hijo mayor (ya me cuesta viajar solo) a París, Londres, Oxford y Cambridge, y en estos tres últimos sitios hablé, aunque con dificultad íntima. ¡Lo que cuesta ya hablar en público!… ¿Y ahora? Mi salud no es la que era, aunque no me impide hacer mi vida ordinaria y trabajar. He pasado quince días encamado con un fuerte ataque de reuma, aunque en la cama leía y escribía y hasta despachaba lo del rectorado. Mis asuntos familiares, cinco de mis ocho hijos corren todavía a mi cuenta, me ocupan y preocupan mucho. Me siento ya, ¡al cabo!, envejecer y al cuidado de dejar en regla mis cosas antes de tener que irme de este mundo”.

 

Ramón Castañeyra. El día 22 de abril de 1936, Unamuno dirige a su amigo Ramón Castañeyra, a Fuerteventura, la última carta que le escriba, llena de malos augurios para el futuro de España. Y respecto de su salud, añade:

“No sólo no me he muerto, como usted ve, sino que ni he estado a punto de ello. Lo que si he tenido es un fuerte ataque de reuma, en la pierna izquierda, que me ha tenido diez días encamado y hoy he vuelto a ello, le escribo desde la cama, pero sin fiebre y sin dejar de leer y escribir y aun despachar, pues me traen acá la firma”.

 

Felisa de Unamuno. El día 28 de setiembre de 1964, el diario El Adelanto publicó una entrevista de Felisa de Unamuno,  hija de don Miguel, en la que relata lo que sucedió en el cementerio de Salamanca, cuando estaban ante el nicho de su madre, doña Concha Lizárraga:

“Al cumplirse el 2º aniversario de la muerte de nuestra madre (el 15 de mayo de 1936) fuimos al cementerio y al salir, ya fuera del recinto, al montar en el coche, ¡no se me olvida!, se echó a llorar y nos dijo: ‘Pronto vendréis a verme a mí’. Parece como si él no se sintiese ya muy bien y hubiera tenido esa rara impresión al contemplar la tumba de nuestra madre. Unido todo ello, claro está, a la lesión de arterioesclerosis que padecía, precipitadas sus consecuencias por todos los disgustos que sufrió en los últimos meses de su vida”. (La familia de Miguel de Unamuno y sus allegados más cercanos conocían el problema que tenía con la arteriosclerosis, causada por la tensión alta. Por eso, consideraron su muerte como un hecho natural).

 

3.- DESPUÉS DEL GOLPE DE ESTADO.

Artur Portella. El 5 de agosto de 1936, Unamuno concedió una entrevista en su casa de la calle Bordadores al reportero de guerra portugués Artur Portella, que así le vio:

“El pensador apa­reció por una puerta al fondo de la sala, vestido de negro, casi una sombra, con paso lento y cansado. Se sentó en un sillón y se encogió como si el frío de la muerte ya le tocase las raíces del cabello blanco y ralo”.

 

Emilio Salcedo. El biógrafo de Miguel de Unamuno, autor de La Vida de don Miguel, asegura que el día que cumplió 72 años, el 29 de septiembre de 1936, estaba enfermo en la cama. La mujer del pastor evangélico, Atilano Coco, le dejó una nota comunicándole que a su marido le habían acusado de masón, rogándole que les informara sobre lo que le pudiera pasar, porque estaban muy preocupados. Posiblemente, ya estaba muerto.

El ‘Amigo de Unamuno’ Luciano de Dios Villanueva ha observado cómo el Rector usaba abrigo en las fotografías que existen sobre el acto del 12 de octubre en el paraninfo, tanto cuando se halla sentado junto a Carmen Polo, como cuando es despedido en la puerta de la calle Libreros. Efectivamente, llama la atención porque Unamuno nunca llevaba abrigo, sino siempre la misma indumentaria, ya fuera invierno o en verano: un traje con chaleco alto y camisa. Su secreto para el invierno es que iba “forrado” con ropa interior de felpa, de una sola pieza o de dos.

En el momento referido se daban tres circunstancias: sabemos que el 29 de setiembre estaba enfermo en la cama, que en esos días es cuando se produce el veranillo de San Miguel y, como asegura el periodista Chema Álvarez, el 30 de diciembre de 2016, en El Diario: “Con un calor aún inusual en Salamanca, el rector de su Universidad inauguraba el nuevo curso universitario”. Todo apunta a que Unamuno se encontraba enfermo y ya no era el de antes.

 

Nikos Kazantzakis. El 21 de octubre, después del enfrentamiento con el general Millán Astray sucedido en el paraninfo nueve días antes, le visitó el autor griego Kazantzakis, ya famoso por su obra Zorba el Griego. Había ido a Salamanca expresamente para hablar con Unamuno sobre la situación de España. Ésta fue su impresión:

“Presté atención. A lo lejos, en el pasillo, podían oírse los pasos de Una­muno, que se acercaba. Era un andar cansino, arrastrado, de viejo. ¿Dónde estaba el paso ligero, la elasticidad juvenil que tanto había admirado en él, hacía sólo unos años, en Madrid? Cuando se abrió la puerta vi a un Unamuno encorvado, que había envejecido de pronto, que se había marchitado”, subrayaba.

 

Johan Brouwer. En el mes de diciembre de 1936, a pocos días de morir, Unamuno recibió también al escritor holandés Johan Brouwer en su casa. “Salgo a la plaza para no estar solo en casa y me encierro para no salir”, le revela Unamuno. A su vez, Brouwer hizo el retrato de don Miguel:

“Pasos arrastrándose por el pasillo. Pasos fatigosos y lentos de un hombre viejo en zapatillas. La puerta se abrió paulatinamente. Me costó reconocer a Una­muno. Me parecía ahora pequeño, muy pequeño. Con la cabeza inclinada, los hombros caídos, su postura indicaba cansancio, debilidad, apatía. Se acercó con pasos pequeños y cautelosos. Era un hombre viejo”-

 

Poema n.º 693 del Cancionero de Miguel de Unamuno (12 febrero 1929)

Y esa salud? Regular… / Regular no más? Perfecta! / Es que se le va a acabar? / Cualquier cosilla me afecta“.

 

 

Leyendo en la cama por prescripción médica desde 1913 CMU

 

Miguel de Unamuno CMU

 

Con abrigo en el paraninfo junto a Carmen Polo

 

Con abrigo al dejar el paraninfo de la Universidad

 

 

Nikos Kazantzakis

 

Johan Brouwer

 

 

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