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Miguel de Unamuno rechazó varias veces ir a Estados Unidos

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Miguel de Unamuno rechazó varias veces ir a Estados Unidos

 

 

 

ACTUALMENTE, EN ESTADOS UNIDOS HAY AL MENOS 500 MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN LENGUA ESPAÑOLA, EXCLUYENDO PUERTO RICO

 

 

1.- El ofrecimiento a Unamuno para ir a Estados Unidos

2.- Nuevas llamadas a Unamuno cuando estuvo exiliado

3.- ¿Quién era Julián Moreno-Lacalle?

4.- Cómo surgió la invitación a Unamuno

5.- La obstinación de Unamuno frente a Federico de Onís

6.- Reiteradas peticiones a Miguel de Unamuno

7.- Influencia de la Literatura norteamericana en Unamuno

 

 

1.- EL OFRECIMIENTO A UNAMUNO PARA IR A ESTADOS UNIDOS

Miguel de Unamuno siempre vivió muy apegado a su país, las fronteras suponían para él un escollo difícilmente salvable. Uno de los aspectos que le diferenciaban de otros escritores de la Generación del 98, como Pío Baroja o Valle Inclán, fue que mientras éstos viajaban al extranjero por inquietudes culturales, él Rector lo hacía por motivos políticos, como desterrado o exiliado.

El hecho de que Unamuno fuera el más obnubilado por la política española, le hizo perder muchas energías en la profundización del conocimiento de otras culturas, especialmente, en el mundo anglosajón y, sobre todo, el norteamericano, por el que no mostró un excesivo interés. Los escritores de aquel ámbito pusieron atención a la trayectoria de Unamuno en momentos puntuales, como fue su destierro o el nombramiento de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford. Pero, en las décadas posteriores a su muerte, los lectores desconocían su obra y apenas lo relacionaban con la convulsa política española.

José Pijoán, profesor de español en el Pomona College de Claremont (California), que había conocido a Unamuno en el viaje que el Rector hizo a Barcelona en 1906, invitado por el Ateneo Enciclopédico Popular, le escribió una carta el 31 de enero de 1923 con membrete de la University of Southern California de Los Ángeles, enviada a “Salamanca o donde sea”, en la que le exponía que el salmantino Federico de Onís, amigo de ambos, le había comentado su deseo de ir a tierras americanas, pero que al parecer no se decidía porque en las universidades de Estados Unidos había que hablar inglés. Le explicó que en aquella zona del sur de California no era necesario porque la mitad de la población se comunicaba en lengua española.

Le ofreció acudir al curso del verano que duraba seis semanas, desde el 1 de julio hasta el 12 de agosto. Tendría que dar dos conferencias diarias sobre lo que le gustara, cinco días a la semana, diez sesiones semanales. Le pagarían 700 dólares, que es lo que costaba el viaje de Nueva York a California. Y para solventar el importe del de España a Nueva York le daban una solución: acompañar a Pijoán en calidad de delegado a un congreso de Pedagogía que se celebraría en San Francisco, y así recibiría una indemnización por ese desplazamiento que cubriría todos los costes. Los gastos y los ingresos quedarían así compensados. Sólo faltaba que Unamuno ganara algún dinero más para llevar a casa. Para ello, Federico de Onís y él le conseguirían varias conferencias por las que cobraría 25 dólares por cada una. Pijoán se despedía con un “consúltelo con el barbero y el cura”.

Unamuno no atendió a la proposición porque aquel año fue cuando ejerció una mayor oposición al rey Alfonso XIII, exigiéndole responsabilidades por el desastre de la guerra de África, lo que el monarca atajó a finales del verano estableciendo la Dictadura de Primo de Rivera. Por otra parte, sus artículos en la prensa española y argentina eran continuos y bien remunerados, sobre todo, por La Nación de Buenos Aires, y no quería suspender la actividad periodística. Luego, se quejaría de que era más conocido por sus artículos que por sus libros.

 

2.- NUEVAS LLAMADAS A UNAMUNO CUANDO ESTUVO EXILIADO

Durante su larga etapa de exilio en Francia y durante la República, fueron varias las proposiciones que Unamuno rechazó para difundir su obra por el extranjero. Muchas provenían de Estados Unidos, gracias a los intelectuales españoles que se habían relacionado con él en la Residencia de Estudiantes de Madrid y se hallaban en aquellas Universidades.

En 1924, el director de la Escuela Española del Middlebury College, Julián Moreno-Lacalle remitió un cablegrama a don Miguel que decía: “Entendiendo que Vd. desea visitar Estados Unidos, me complace invitarle a dar clases en el Spanish Summer Session del Middlebury College, siete semanas, desde el 3 de julio hasta el 21 de agosto de 1925. Remuneración $1000 más $250 para gastos de viaje. También organizaríamos para Vd. una gira para dar clases por Estados Unidos en otoño e invierno de 1925. M. René Lalou le hará una visita para darle información en relación con el Middlebury College”.

Dicha invitación que obra en la Davis Library fue dirigida a la dirección de Unamuno en París, Novelty Hotel, 2 rue de la Perouse. El director de dicha institución sabía que Unamuno estaba interesado en ir a Estados Unidos porque el Rector decía a todos que quería ir a América en cuanto se le mencionaba, pero nunca lo hizo, y no fue por falta de oportunidades, de manera singular a Argentina.

Siguiendo las instrucciones del eventual anfitrión, el escritor francés René Lalou escribió una carta a Unamuno el 11 de octubre de 1924 respecto de la oferta de Lacalle para un puesto de profesor en la Escuela de Español en el Middlebury College en Vermont. Lalou quería exponerle los pormenores ya que él mismo también fue profesor de francés en dicha institución. Unamuno declina la idea. Pero, Lalou insiste con otra misiva el 20 de diciembre sin conseguir un resultado positivo. En consecuencia, Moreno-Lacalle desistió e invitó a Ramiro de Maeztu en su lugar, otro pensador de renombre y hermano de María de Maeztu, directora de la Residencia de Señoritas de Madrid. René Lalou era profesor de instituto y crítico literario. Su principal obra fue la Historia de la Literatura Francesa Contemporánea.

 

3.- ¿QUIÉN ERA JULIÁN MORENO-LACALLE?

Moreno-Lacalle era un hispano-filipino nacido en Manila cuando las Filipinas aún estaban bajo administración española, nieto de José Moreno Nieto, académico y rector de la Universidad Central de Madrid. Si bien realizó los primeros estudios en su tierra natal, continuó con los superiores en la Universidad de Maryland de Estados Unidos. Siendo profesor de la Academia Naval de Annapolis en Maryland, fue contratado por el Middlebury College, donde en 1917 fundó la Escuela de Español. Siendo su primer director la convirtió en el principal punto de encuentro de los intelectuales españoles integrantes de la Generación del 27 y, posteriormente, de los exiliados de la guerra civil.

Introdujo métodos krausistas para la enseñanza del idioma y estableció relaciones con la Residencia de Madrid, de acuerdo con los principios de la Institución Libre de Enseñanza de Francisco Giner de los Ríos. La Escuela disponía de bibliotecas, laboratorios y buenas instalaciones complementarias, e invitaba a distinguidas personalidades a dar conferencias en todas las ramas del saber. El ambiente era de convivencia entre profesores y alumnos durante toda la jornada, siguiendo el modelo de las más prestigiosas Universidades del Reino Unido, un aire de modernidad al que Unamuno se mantuvo ajeno aferrándose a su conocido casticismo.

Escribió la obra Composición Oral y Escrita para ser utilizada por alumnos que ya poseían un cierto nivel. Recogía anécdotas y curiosidades españolas contenidas en el Libro de Chistes de la Editorial Calleja de Madrid, planteando cuestiones de léxico, gramaticales, de traducción y otras de carácter práctico, que profesores y alumnos resolvían en una convivencia de la comunidad educativa en el edificio Hepburn Hall dentro del campus. Todos los profesores eran personalidades relevantes españolas e hispanoamericanas.

Un acontecimiento de la época fue la invitación que Moreno-Lacalle cursó a la escritora Concha Espina en el verano de 1929 para conferenciar en unas jornadas sobre escritura creativa en Vermont. Todas sus novelas ya eran superventas en Hispanoamérica y el rey Alfonso XIII había inaugurado una estatua suya en Santander, su ciudad natal. La escritora realizó un largo periplo por las Antillas, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, acompañada por su hija Josefina de la Maza. En Nueva York fue recibida por Archer Milton Huntington, presidente de la Hispanic Society of America y promotor de la llegada del salmantino Federico de Onís a la University of Columbia.

 

4.- CÓMO SURGIÓ LA INVITACION A UNAMUNO

La idea de invitar a Unamuno a participar en la Escuela de Español norteamericana partió de dos amigos suyos que se sentían en deuda con él y, en cierto modo, culpables de que hubiera sido desterrado por Primo de Rivera a Fuerteventura, por haberse publicado en la prensa una carta privada del Rector, aunque las causas eran otras muchas más que venían de atrás. Se trataba de Américo Castro y de Antonio García Solalinde.

“La gota que colmó el vaso fue una carta privada que Unamuno dirigió a su amigo Antonio García Solalinde, filólogo toresano, de la que circularon varias copias y que, por extrañas circunstancias, apareció publicada en la revista mensual Nosotros de Buenos Aires, que dirigían los escritores Alfredo Antonio Bianchi y Julio Noé, así como en varios periódicos de Montevideo. En ella, se refería al Rey en los siguientes términos: ‘Yo creí que ese ganso real no era más que un botarate sin más seso que un grillo, un peliculero tragicómico, pero he visto que es un saco de ruines y rastreras pasiones’. E igualmente criticaba al entonces subsecretario de Fomento, el general Severiano Martínez Anido y al general Primo de Rivera, calificando al Directorio gubernamental que presidía como ‘suspensorio vaginal’. La carta fue enviada por el embajador español en Buenos Aires al gobierno en cuanto que cayó en sus manos.

Se difundió que su destinatario y quien la publicó había sido el historiador Américo Castro, que desde el año anterior trabajaba en la facultad de Filosofía y Letras bonaerense. Castro recibió numerosas críticas por su supuesta deslealtad al Rector y pasó un mal trago. Tuvo que dar explicaciones el 4 de abril de 1924 en el diario hispano La Prensa de Nueva York y personalmente a Unamuno por carta. Éste le contestó a vuelta de correo disipando cualquier duda, diciéndole: ‘Estoy muy agradecido a quien lo publicó, ya que con ello me hizo un gran favor y un gran daño al Directorio’.

Unamuno siempre creyó que había sido Castro. Así se lo transmite por carta a su amigo el doctor Hipólito Rodríguez Pinilla. Pero, la contestación del ex Rector avala la hipótesis de que Unamuno pretendía un enfrentamiento que tuviera trascendencia. Otra explicación no tiene que guardara silencio ante tamaña especulación a medida que se convertía en una bola de nieve. Más tarde, se pudo comprobar que el verdadero autor fue Ernesto Matons, un médico que había sido colaborador con Unamuno en el periódico La Lucha de Barcelona”. (De mi artículo El destierro de Miguel de Unamuno. De Salamanca a Cádiz).

 

5.- LA OBSTINACIÓN DE UNAMUNO FRENTE A FEDERICO DE ONÍS

Siendo catedrático en la Universidad de Oviedo, Federico de Onís, el discípulo predilecto de Miguel de Unamuno, escribe una carta al Rector el 18 de enero de 1912 en la que le anuncia que va a dejar la cátedra para incorporarse al Centro de Estudios Históricos de Madrid, donde se dedicará a la investigación filológica bajo la dirección de Ramón Menéndez Pidal. Unamuno le contesta muy irritado al enterarse de que dejaba la docencia: “Y toda la enseñanza en manos de auxiliares y patas arriba. Y nadie en su puesto. Y no sirve que éste o aquel estudie de veras, pues de su ejemplo sólo se toma lo de no estar en su puesto”. Y a vuelta de correo, añadía: “Lo que hace falta es que el catedrático no tenga el odio que tiene a la cátedra. Es más grato, ya lo sé, investigar que explicar”. Onís recibió con contrariedad la incomprensión de su maestro.

En 1916, Federico de Onís fue invitado a la University of Columbia de Nueva York como profesor hispanista y en aquella institución permaneció con carácter estable. En 1919, recibió una circular de Luis Maldonado, entonces rector de la Universidad de Salamanca, en la que le pedía su parecer sobre la autonomía universitaria, a la que Onís respondió: “Yo, y otros como yo, podemos hacer en el extranjero por España y por la enseñanza española mucho más que si estuviéramos en España, en nuestros puestos, como suelen decir. Uno de los males mayores de nuestras Universidades es la falta de vida internacional”.

Y se muestra precursor de los cursos internacionales de verano para extranjeros en nuestro país: “El año que viene va a caer una nube de norteamericanos sobre España. Yo he recomendado ya a varios que vayan a Salamanca. Si la Facultad de Letras se ocupa de ellos y de otros que irán, y si se reunieran varios y se les diese clases especiales prácticas, podrán atraerse muchos más para los años siguientes. Creo que en estos planes y otros de que hablaré más adelante puede haber un gran porvenir para nuestra Universidad”.

 

6.- REITERADAS PETICIONES A MIGUEL DE UNAMUNO

Pasaban los años y los intelectuales españoles expatriados en Estados Unidos que habían conocido a Miguel de Unamuno no le olvidaban. Repetidamente le escribían invitándole a dar conferencias en sus Universidades. En 1926, Antonio Solalinde y Joaquín Ortega persisten recibiendo la negativa del Rector. En 1930, incluso le dicen: “Venga a la Universidad de Wisconsin al precio que Vd. fije”. Y, por última vez, en 1935. En tan gran estiman le tenían en aquella Universidad que el 9 de mayo de ese año, su rector Glen Franck le propuso para el Premio Nobel de Literatura.

Entre los estudiantes jóvenes, la figura de Miguel de Unamuno también estaba en alza. Como ejemplo, Ruth E. Garwood, le escribe en 1933 para solicitarle que le permitiera traducir algunos textos breves suyos para introducirlos en un libro sobre su obra. La carta de esta doctora de Filología de Wisconsin iba acompañada por una nota de Solalinde pidiéndole que la atendiera.

El 20 de noviembre de 1926, el diario El Adelanto de Salamanca avanzaba una muestra del creciente hispanismo en el siguiente suelto: “Profesores de español en los Estados Unidos. Consideramos curioso dar a conocer nombres de profesores que en los Estados Unidos enseñan nuestro idioma: Federico de Onís, en Columbia; Antonio García Solalinde, en Wisconsin; Erasmo Buceta, en California; Miguel Romera Navarro y el padre David Rubio, en Pensilvania; José Robles, en Johns Hopkins; Antonio Heras en Minnesota; Margarita de Mayo, en Middlebury; Julián Moreno Lacalle también en Middlebury; Carolina Marcial Dorado, en el Barnard College de Nueva York; César Barja, en la Universidad del Sur de California; Agapito Rey, en Indiana; Ángel del Río, en Miami; Alfredo Elías, en el College of the City of New York; Primitivo Sanjurjo, en Pensilvania; Joaquín Ortega, en Wisconsin; José María Osma, en Kansas; Pedro Bach y Máximo Iturralde, en Nueva York”.

Lo que es evidente es que durante las primeras décadas del siglo XX y, sobre todo, después de la Guerra Civil, la fuga de intelectuales españoles a Estados Unidos fue por centenares y crearon una relevante escuela de hispanistas. Ramón Menéndez Pidal ya lo había vaticinado: “Estados Unidos es la tierra de promisión del hispanismo”.

 

7.- INFLUENCIA DE LA LITERATURA NORTEAMERICANA EN MIGUEL DE UNAMUNO

Sin embargo, Unamuno no mostró atención a la difusión de su obra en aquel país, a pesar de las facilidades que se le ofrecían, y de que, al igual que en Hispanoamérica, había Estados que tenían una gran cantidad de periódicos en lengua española en los que podía publicar sus artículos. En ellos aparecía Unamuno frecuentemente sólo por las noticias relacionadas con la política española. Política y más política.

El gijonés Pelayo H. Fernández, catedrático en las Universidades de Connecticut y Alburquerque (New Mexico), cuyo primer libro fue Miguel de Unamuno y William James, opinaba que la relación de Unamuno con Estados Unidos fue mínima: “Surge la duda razonable de si la relación de don Miguel con Estados Unidos era tan escasa y de si, realmente, no conocía las obras y las ideas que se estaban fraguando allí”.

A esta opinión habría que hacer alguna matización. La Casa Museo Unamuno de Salamanca guarda en sus archivos muestras de una cierta relación de Unamuno con Estados Unidos. M. Thomas Inge, profesor del Randolph-Macon College de Ashland, elaboró con gran acierto el listado de la correspondencia que el Rector mantuvo con relevantes personalidades norteamericanas, más de 140, principalmente, sus traductores y docentes universitarios de Literatura Española, que en 1970 publicó en la revista trimestral Hispania.

Dicha revista pertenece a la Asociación de Profesores de Español y Portugués en Estados Unidos. Publica artículos sobre pedagogía, literatura y lengua relacionados con el mundo hispánico, promueve el estudio y la enseñanza de las dos lenguas y está dedicada a las inquietudes de los profesores, celebrando encuentros anuales. Alguno de ellos tuvo lugar en Salamanca en años pasados.

Thomas Inge también menciona que en Salamanca vio diversos libros de autores norteamericanos, alguno con gran cantidad de anotaciones de Unamuno escritas a mano en los márgenes con un sencillo lápiz, lo que demuestra una intensa lectura del Rector de esas obras y que recibió una influencia determinante de esos autores, como fue el caso del poeta Walt Whitman, cuya impronta se aprecia en su Cancionero y, en menor medida, Edgard Allan Poe.

Unamuno estaba al corriente de la literatura norteamericana. Sin embargo, la difusión de su obra en aquel país fue muy limitada. Quedó circunscrita a los estudios de Literatura Española en las Universidades, dentro de la atmósfera propia de esas instituciones. Pero, no llegó a los escaparates de las librerías. Las editoriales se mostraron reticentes a la publicación de sus libros. Se les hacía complicada tanto la traducción como la comprensión del pensamiento que Unamuno quería transmitir en sus textos. Ya hubo un mal precedente con la novela Niebla que, después de su traducción al inglés, tuvo que ser retraducida cuatro veces, porque los traductores no se ponían de acuerdo ni en el título (¿mist, fog, haze?)

Así, desafortunadamente, hoy la obra de Miguel de Unamuno es poco conocida entre el lector medio norteamericano, que le identifica con un personaje de la República, con Franco, con el “vencer no es convencer”, con los manidos tópicos de la política y de la guerra civil, que han menoscabado su creación literaria. Eso no ha sucedido con la larga lista de autores europeos contemporáneos suyos, como Proust, Kafka, Joyce, Rilke, Virginia Wolf, H.G. Wells, Joseph Conrad, Malraux, Sartre… que reconocen como clásicosy mantienen su obra vigente en todo el mundo. La recepción de Unamuno en Estados Unidos queda relegada a los sectores minoritarios de estudiosos especializados. No llega al gran público como Federico García Lorca, el adalid hispano, el poeta en Nueva York cuyos versos aún resuenan junto al Hudson.

 

 

 

Miguel de Unamuno

 

Julián Moreno-Lacalle

 

Antonio García Solalinde

 

René Lalou

 

Glen Frank. Rector de la universidad de Wisconsin. Propuso a Miguel de Unamuno para el Premio Nobel de Literatura de 1935

 

Escuela de Español. Fundada en 1917 por Moreno-Lacalle. Middlebury College. Vermont

 

 

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