El manuscrito de Juanelo Turriano de la Universidad de Salamanca
LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA ALBERGA UN MANUSCRITO DE JUANELO TURRIANO QUE DA NORMAS PARA LA CONSTRUCCION DE UN ASTROLABIO
1.- El manuscrito de Juanelo Turriano
2.- ¿Quién era Juanelo Turriano?
3.- Con Carlos V en Yuste
4.- Procedencia del manuscrito
5.- El arquitecto Juan de Herrera
1.- EL MANUSCRITO DE JUANELO TURRIANO
Cualquiera de los 2.774 manuscritos que posee la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca es de por sí valioso. Reseñamos uno, el numerado como 2.054, titulado Del Planispherio, cuyo autor es el italiano Juanelo Turriano, relojero del emperador Carlos V. Está escrito en su propia lengua sobre una plantilla de lápiz para evitar que las letras se torcieran y consta de 245 folios en papel de hilo. El documento no está datado, pero en él se alude a la posición que el sol tenía en el año 1546, lo que facilita una aproximación.
La obra conlleva varias ciencias relacionadas, según se desprende de los diferentes títulos: el Universo con los círculos que lo definen; altura del sol y tablas para calcularla, declinaciones, latitudes, variaciones de las horas; el sistema de doble movimiento de los planetas de Ptolomeo; el zodiaco; la topografía y métodos de medidas basados en la sombra proyectada; normas sobre cartografía y, posiblemente la parte más importante, normas para la fabricación o utilización de un astrolabio o planisferio.
En un principio se pensó que se trataba de una creación original de Turriano. Más tarde, sus estudiosos llegaron a la conclusión de que se trataba de una traducción del latín al italiano, con adendas propias de Turriano, de una obra sobre el planisferio del matemático y astrónomo Juan de Rojas, natural de la localidad palentina de Monzón de Campos e hijo del primer Marqués de Poza, que tuvo una gran difusión por toda Europa, por dar un enfoque superior al conocido hasta entonces de Ptolomeo.
2.- ¿QUIÉN ERA JUANELO TURRIANO?
Juanelo Turriano era un conocido relojero e inventor de ingenios nacido en Cremona, que ganó fama tras la coronación del emperador Carlos V por el papa Clemente VII en Bolonia, en 1550. Con motivo de aquel acontecimiento, la ciudad de Milán quiso regalar al monarca un reloj astronómico, realizado dos siglos antes por el astrónomo Giovanni Dondi, cuyo mecanismo representaba los movimientos de los planetas y las estrellas con una gran precisión. Pero, después de permancer muchos años parado, ningún relojero era capaz de volver a ponerlo en marcha.
Encargaron a Turriano que lo pusiera en funcionamiento otra vez. Pero, el cremonés comprobó que era imposible que volviera a marcar el tiempo. Con el paso de los años, sus piezas estaban oxidadas y faltaban mecanismos esenciales. Habría que construir otro nuevo que mejorara la técnica del anterior. Se dedicó a su estudio durante veinte años y tardó en construirlo otros tres. El mecanismo contaba con 1.500 ruedas, cuyo desplazamiento tenía que ser perfecto para señalar no sólo los días, las horas y los minutos, sino también el movimiento de los planetas. El mencionado Giovanni Dondi era un médico y astrónomo que dio clases en Padua y Florencia, y escribió el primer tratado de relojería. Otro manuscrito suyo también se encuentra en la Universidad de Salamanca con numerosa documentación de astronomía y de los conocimientos científicos de la época.
Todo esto lo sabemos por el historiador Ambrosio de Morales, alumno de dicha Universidad y sobrino del catedrático y humanista Fernán Pérez de Oliva, del que editó su obra. También fue discípulo de Melchor Cano, dominico del convento de San Esteban, de la Escuela de Salamanca, y uno de los precursores del Derecho Internacional. Morales fue catedrático de la universidad de Alcalá, donde dio clases a don Juan de Austria.
3.- CON CARLOS V EN YUSTE
El emperador Carlos V nombró a Juanelo Turriano Relojero de la Corte. Acompañó al monarca al monasterio de Yuste, y estuvo con él desde su llegada en 1556 hasta que murió en 1558. Le construyó un reloj más pequeño que el anterior llamado el Cristalino, porque el monarca podía observar la maquinaria a través de unos cristales. También era astronómico, indicaba la posición de los astros en cada momento para hacer predicciones premonitorias. Decía Morales que el Emperador lo quería así “para mejor entender cuán apresurados pasos se caminan a la muerte”. Y esos pasos eran marcados por el movimiento inquietante del mecanismo del reloj, por el desplazamiento de los astros. Era la obra de Dios traída a la Tierra por su relojero.
Tras la muerte de Carlos V, aquella colección de relojes y planetarios fueron dejados a cargo de Turriano, que siguió con el mismo cargo con su hijo el rey Felipe II, nombrándole Matemático Mayor de la Corte.
4.- PROCEDENCIA DEL MANUSCRITO
El manuscrito de Juanelo Turriano era propiedad del Colegio Mayor de Cuenca de Salamanca, así llamado porque su fundador fue Diego Ramírez de Villaescusa, que era obispo de Cuenca y confesor de la reina Juana la Loca. El Colegio fue suprimido porque, junto a otros tres Colegios salmantinos, uno de Valladolid y otro de Alcalá, acumularon tal poder que hacían tambalear la Corona. Sólo admitían a estudiantes de la aristocracia o clases altas, que terminaban ocupando los cargos políticos, civiles y eclesiásticos más importantes del Reino.
Por otra parte, a las autoridades académicas se les fue el control de las manos. Los colegiales no tenían obligación de residir en el Colegio y muchos sólo lo utilizaban para el juego y llevar mujeres casquivanas. El obispo de Salamanca, Felipe Bertrand, harto de la situación, confeccionó un informe que envió al rey Carlos III. Pero éste no logró clausurar aquellos centros y fue el conde de Floridablanca el que lo fue realizando poco a poco, amortizando las plazas a medida que iban quedando vacantes.
Entre 1799 y 1802, el obispo Antonio Tavira catalogó los libros de los Colegios de Salamanca y los envió a la Biblioteca del Palacio Real de Madrid para su custodia. Allí permaneció el manuscrito de Juanelo Turriano hasta que en el año 1954 fue entregado a la Universidad de Salamanca.
5.- EL ARQUITECTO JUAN DE HERRERA
El Colegio de Cuenca no había sido el primer propietario del manuscrito. Cuando Juanelo Turriano acompañó a Carlos V en Yuste, conoció a Juan de Herrera, el gran arquitecto de El Escorial, que entonces se hallaba enrolado en la milicia como soldado, y formaba parte de la guardia personal del Emperador desde que se hallaba en Bruselas. Ambos forjaron una gran amistad.
Al morir Herrera, en el inventario de sus bienes figuraban tres cuadros, los retratos de Miguel Ángel, el de su filósofo preferido Raimundo Lulio y el de Juanelo Turriano, un lienzo al óleo en el que aparece de medio cuerpo, vestido de negro con gorra de paño en un marco de madera blanca.
Y en su biblioteca personal había cuatro manuscritos de Turriano. Tres se pueden considerar perdidos: uno sobre la reforma del almanaque, otro italiano con el mismo tema y un cuaderno con diversos epigramas alabando a uno de sus relojes. El cuarto es del que aquí se trata, seis libros del Planispherio en italiano.
Juan de Herrera le encargó el diseño de las campanas del monasterio de El Escorial, después de que volviera de Roma donde había trabajado en la reforma del calendario acudiendo a la llamada del papa Gregorio XIII. Posteriormente, se trasladó a la ciudad de Toledo, donde murió en el año 1585.

Retrato de Juanelo Turriano

Turriano con Carlos V en Yuste. Manuel Jadraque

El Cristalino de Turriano. Reproducción del reloj de Dondi

